Latinos de Washington (II)
CHace 60 años apareció la primera publicación en español
Don Manuel Pena publicó “Spanish Home News” un 20 de octubre de 1944. Su viuda, Adelina López Pena, de 99 años, recuerda aquellos tiempos.
Adelina Callahan (izq.) junto a su madre, Adela López, viuda de Pena, con el bastón centenario que perteneció a Don Manuel y donde están escritos en oro los nombres de sus dos hijas y de su hijo.
Por Alfonso Aguilar
-Para El Tiempo Latino
En la portada de la primera edición, Don Manuel explica sus motivaciones e ilusiones: "Con grandes deseos de testimoniar mi aprecio y gratitud al cuerpo diplomático, y sus familias, y a mis numerosos amigos de Washington y otras ciudades de la Unión Americana, y del extranjero, por un medio diferente del que me han conocido y dispensado su consideración personal durante muchos años, comienzo hoy a publicar mensualmente el Spanish Home News, cuyas columnas y servicios me complazco en poner a disposición de ellos. El Spanish Home News se ocupará especialmente en publicar noticias de los Pueblos iberoamericanos, de las actividades sociales y cívicas en Washington, artículos de escritores prestigiados internacionalmente, psicólogos, inspirados poetas, sociólogos e inventores, y proporcionar informes útiles al hogar, etc."
Para concluir su presentación, añade: "Pido al público indulgencia para lo que halle deficiente en mi nueva labor, y su cooperación para perfeccionarla progresivamente, como ayuda valiosa para realizar mis propósitos de servir a su satisfacción".
Su esposo escribía con elegancia, con cierta inspiración poéticale digo a Doña Adela López Pena, de 99 años, viuda de Don Manuel
Sí, a él le gustaba la poesía, la lectura.
¿Quiénes participaban en la elaboración de la revista?
A mi esposo le ayudaban muchas personas de los cuerpos diplomáticos, además tenía muchos amigos escritores, poetas, artistas, y todos ellos se encargaban de corregir y engalanar lo que escribía.
¿Y usted participaba en la revista?
Le ayudaba, a veces, con la página de las modas, pero ya ni estoy segura si le ayudaba o no. Ya pasó casi un siglo...
La publicación costaba 10 centavos, ofrecía suscripciones anuales por $1.10 y como cortesía a sus suscriptores obsequiaba el Calendario Galván y una merienda campestre. Se vendía en cuatro puntos: Thomas Circle 4, News Center, Hotel Cairo y en la oficina de Don Manuel, en la calle 17 y R, donde el “publisher” ya operaba uno de sus más exitosos negocios, la Casa Pena.
¿Quién era Don Manuel Pena?
La edición del 31 de julio de 1950 de otra revista pionera de aquellos tiempos, LatinoamericanA, dedica la portada a Don Manuel Pena, a quien llama "Un embajador sin cartera".
La foto lo muestra a la edad de 50 años con un porte de dandy, sosteniendo un bastón que tiene grabado en oro los nombres y días de nacimiento de sus dos hijas Adelina y Estrella y el de su hijo Manuel.
¿Qué fue del bastón?le pregunto a su hija, Adelina Callahan.
Ese bastón es el que usa mi mamá todos los días.
Ustedes deben mirar con gran aprecio y respeto ese bastón.
Sí, es muy bonito, muy simbólico, todas las manos de nuestras familias, desde la bisabuela Adela, a la hija Adelina a la biznieta Adelinita lo han tocado, le han puesto sus huellas. El bastón tiene más de 100 años.
En las páginas interiores de la citada revista se publica una sucinta biografía de nuestro personaje, escrita por Robert A. Erwin.
Don Manuel, dice el autor, fue hijo de un veterinario, Fulgencio Pena, y creció en la Coruña. A los 20 años emigró a Estados Unidos, previa estancia de seis meses en Cuba. Su única experiencia laboral era el campo, específicamente la jardinería. La nota biográfica dice que trabajó como jardinero del presidente Theodore Roosevelt, de quien recibió algunas clases de inglés a cambio de las que él le daba en español. Después fue jardinero de la actriz Ethel Barrymore, a cuya hija, del mismo nombre, le enseñó nuestra lengua.
Como inmigrante que vio en Estados Unidos el paraíso para cumplir sus sueños, el joven Manuel jamás pensó que la jardinería ni siquiera al lado de un presidente sería el terreno más propicio y seguro para materializarlos. Por eso desde tempranas épocas buscó sus propios negocios.
En 1922 abrió en Nueva York un negocio de importación y exportación de alimentos y bebidas. Le iba muy bien, sin embargo algo le decía que aquella no era su ciudad. Los esporádicos viajes que hizo a la capital le mostraron un terreno virgen, potencialmente muy productivo.
En 1932 se mudó a Washington. Si la nueva ciudad le entusiasmaba de suyo, un casual trabajo como cochero en un garage le multiplicó los ánimos: ahí estacionaban sus autos políticos y diplomáticos.
No sabemos si en ese tiempo Don Manuel conocía la palabra lobby, pero bien que la practicó con sus clientes, muchos de los cuales llegaron a ser sus amigos y asiduos visitantes de sus futuros negocios.
El Washington de entonces le encantó y habría dicho que era el paraíso perfecto salvo por una circunstancia: "En la capital falta recreación, entretenimiento y hospitalidad para con los iberoamericanos", lamentaba Don Manuel en su publicación.
Para sorpresa de los que hace algunos años se jactaban de haber traído al seno de la comunidad el tema del desarrollo económico, seis décadas antes Don Manuel ya deploraba "las escasas oportunidades económicas de los iberoamericanos... que también necesitan préstamos y dinero para urgencias".
Tan real y honesta era su preocupación que él mismo pensó en abrir un banco latino.
Sí, él soñaba con un banco para ayudar a nuestra gente en su idiomaconfirma su viuda.
Este proyecto, como muchos otros nacidos de su inquieta y visionario mentalidad, quedó en mera ilusión al sorprenderle la muerte en 1957. Para entonces, Don Manuel ya había establecido una tienda de alimentos y bebidas para las delegaciones diplomáticas, la famosa Casa Pena entre las calles R y 17 al noroeste de Washington, donde a su vez tenía una de sus propiedades y muchos negocios anexos.
"En nuestra casa siempre había muchas fiestas, mucha gente, jóvenes y viejos, ministros, embajadores y personas comunes que se enteraban que en casa de papá todos eran bien recibidos", recuerda Adelina Callahan, entonces una niña de unos 10 años. "Algunos llegaban vestidos con trajes típicos, otros traían guitarras y mandolinas y otros sus cartas para jugar brisca", añade.
En la parte final de la nota biográfica se dice que Don Manuel era un fanático del panamericanismo y que no hay tema que le pueda fascinar más "a este caballero sincero, amigable y hospitalario".
Mi padre no pasaba un momento sin decir un chiste, un chascarrillo. Era un hombre muy generoso y muy querido dice Adelina Callahan.
Cualquiera diría hoy que se trataba de un líder de su comunidad y, acaso del padre de la comunidad, por así decirlo.
No, a él no le gustaba lo de líder. El sólo quería ser amigo de todos y ayudar a todos. Mira que sólo después de su muerte nos enteramos de todo lo que le debían. A una sola persona le había prestado 3 mil dólares, !te imaginas!, eso en los años 50.
Un ejemplo de su generosidad aparece en la edición del Spanish Hone News con fecha de octubre de 1945. En respuesta a una carta anónima que halaga la calidad de la publicación, Don Manuel escribe: "Si el bondadoso lector de las encomiásticas frases nos indica su nombre y su dirección, le obsequiaremos con gusto los doce ejemplares del Spanish Home News del primer año de su publicación, artísticamente encuadernados, y con su nombre impreso en letras doradas".
Además de establecer la Casa Pena, el restaurante La Fonda y una docena más de empresas e iniciativas de carácter social, Don Manuel escribió un libro de cocina, publicó un almanaque (las primera páginas amarillas en la historia de nuestra comunidad) y estuvo muy cerca de abrir una biblioteca para la "colonia iberoamericana", según la jerga de aquel tiempo.
Su muerte en diciembre de 1957 puso abrupto fin a sus muchos sueños, justo días antes de celebrar la Navidad en casa de la familia Pena, toda una tradición que reunía a buena parte de la comunidad latina de aquellos tiempos.
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