DOS POR CUATRO. El instructor Carlos Gutiérrez baila con una alumna frente al Capitolio, en DC, en agosto de 2007.
Estudios demuestran que mejora la capacidad aeróbica y es útil para el tratamiento de pacientes cardíacos
El Tiempo Latino/EFE
El tango, un baile que nació en los arrabales de Buenos Aires, es ahora el último descubrimiento en la búsqueda de nuevas alternativas a la medicina tradicional. Los pacientes que sufren de Parkinson, Alzheimer o enfermedades mentales ya están utilizando la “tangoterapia” como refuerzo terapéutico.
Jorge lleva tres meses acudiendo a rehabilitación en la Fundación Favaloro de Buenos Aires tras ser operado del corazón. Pero se diferencia del resto de los pacientes en que su participación en un estudio científico le permite realizar una actividad mucho menos tediosa que correr sobre una cinta: bailar tango.
Con una máquina que controla sus pulsaciones y la de su pareja, Noemí, ambos bailan al ritmo que les permiten sus corazones mientras un médico les monitorea y toma nota de los datosque plasmará en un nuevo estudio.
El médico argentino Roberto Peidro dirige este taller de tangoterapia, para analizar en qué medida puede beneficiar el tradicional baile a quienes sufren enfermedades del corazón.
Peidro investiga este aspecto del tango desde hace una década. En 1999 publicó “Con el corazón en el tango”, trabajo en en el que demostró que el “dos por cuatro” mejora la capacidad aeróbica y que puede usarse como complemento en el tratamiento de ciertas enfermedades.
A partir de la experiencia de Peidro, equipos de todo el mundo se lanzaron a investigar: en estos momentos hay pruebas en danza en Canadá, Japón, Rusia y Finlandia. En Canadá, la doctora Patricia McKinley comprobó con dos grupos de personas mayores que los que bailaban tango tuvieron una mayor estimulación del sistema nervioso central, coordinación y equilibrio que aquellos que se limitaron a caminar.
El último estudio, publicado en diciembre de 2007, lo realizó la escuela de Medicina de la Universidad de Washington en Saint Louis, en EE.UU., y comprobó que bailar tango con frecuencia mejora el equilibrio más que otro tipo de actividad física y puede ayudar por tanto a los enfermos de Parkinson, a los que le falla precisamente esa facultad.
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