Opinion
La juventud y el interés por el planeta Ecología
Por Javier Sierra
La sabiduría popular nos dice que la juventud es un divino tesoro, y lo que nos está enseñando este año electoral es que decenas de miles de jóvenes votantes están invirtiendo ese tesoro en un futuro prometedor.
Se están involucrando porque lo que hay en juego en las elecciones de noviembre no es sólo su futuro sino el futuro del planeta. En las manos del próximo presidente de Estados Unidos el país que más contamina del mundo recaerá la responsabilidad de finalmente tomar medidas eficaces para confrontar el mayor reto de la historia moderna: el calentamiento global.
“El calentamiento global es una peste que creará un medio ambiente inseguro para futuras generaciones”, dice Daniela Valdés, una estudiante de secundaria en Pittsburgh, PA. “Pero es también una oportunidad para que la humanidad y la naturaleza se unan”.
Esta unión la hemos visto en las elecciones primarias en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur. En esas votaciones el incremento de votantes jóvenes entre 18 y 29 años de edad ha superado todas las expectativas.
En Iowa, por ejemplo, el número de votantes jóvenes que participaron en la primaria del Partido Demócrata triplicó el de los comicios de 2004. De hecho, el gran triunfador de esa contienda, el Sen. Barack Obama, lo hizo en gran parte debido a que obtuvo el 57% de los votos de este segmento de la población demócrata.
Y para estos votantes, la prioridad no es sólo la guerra en Irak o el deterioro de la economía, sino también el medio ambiente.
“Me gustaría que el nuevo presidente aceptara el calentamiento global como su prioridad número uno”, dice Carlos Rymer, un estudiante dominicano especializado en desarrollo sostenible en la Universidad de Cornell, Nueva York.
“Atacando este problema también se atacaría los de la economía, el cuidado de la salud y la guerra”, añadió.
Pero existe otra guerra, una mucho más sutil, declarada contra la aceptación del consenso científico mundial de que la actividad humana es la responsable del calentamiento global.
Y su combatiente más audaz es la administración Bush. Según un estudio de las universidades de Yale y Columbia sobre el cuidado del medio ambiente por parte de 149 países, Estados Unidos ocupa el lugar 39, y concretamente en lo que se refiere a niveles de smog (niebla tóxica), nuestro país ocupa los últimos lugares de la tabla.
Por ésta y muchas otras razones se nos antoja triste, y hasta patético, que George W. Bush, el presidente de la nación más rica y poderosa de la tierra, viajara al Medio Oriente, sombrero en mano, a rogar que los países productores redujeran los precios del petróleo.
Este es el mismo presidente que en 2001 eliminó un acuerdo firmado entre la administración Clinton y la industria automotriz de Detroit en 1998 para que todos los carros y camionetas del país rindieran 80 millas por galón.
Si el acuerdo se hubiera cumplido, en un par de años Estados Unidos no necesitaría importar ni una sola gota de crudo de esa explosiva región.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. www.sierraclub.org/ecocentro
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