La Esquina
Sobre el sexo, las mentiras y las leyes Los escándalos que unen sexo extra marital, no aprobado por la ley y el decoro, con la política son como las modas de alta costura: van y vienen. Muchos de los nuevos bochornos parecen inspirados en otros del pasado. Y, al despertarnos y observar quién nos acompaña en el lecho, nos brota en la boca un regusto de que esto ya lo hemos vivido antes. De que no avanzamos. Es poco menos que un lugar común referirnos a las fechorías del presidente Bill Clinton debajo de la mesa de la Oficina Oval, para después decirle a la cámara aquello de “yo no tuve sexo con esa mujer”. Qué bella frase para el comienzo de un bolero. Ése fue el presidente que balanceó el presupuesto nacional, mientras su oposición se gastaba millones en buscar fluidos sobre el vestido de una joven interna. Pero la mujer, la cama y el poder tienen una historia que se remonta a Washington y a Jefferson, entre otros. Este no es el día de tocar esas épocas. Ya hablaremos.
Kristen pop. Lo malo de estos escándalos es que, lejos de ayudarnos a entender lo que pasa, nos enfrenta aante un triste espejo: somos víctimas y verdugos de la misma cultura pop. Consumimos la sexualidad y sus hipocresías sociales como papas fritas recogidas al vuelo en un restaurante de comida rápida. Y nos gusta. Ashley Dupre nombre de guerra: Kristen catalizó la caída de un hombre débil: el gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer. Ahora Ashley seguirá vendiendo su cuerpo y su imagen, envuelta en la legalidad de la cultura del entretenimiento. Pero su cliente se quedó con el trasero al aire.
En serio. El comportamiento del gobernador de Nueva York puede resultar divertido para nuestra sociedad light, a no ser que seas su esposa o su votante. Spitzer, “el cliente número 9” (la canción dice “al preso número 9 ya lo van a ajusticiar”: perversa coincidencia), se vino al hotel Myflower (caro) en DC para acostarse con una joven profesional del sexo por $4.300 (carísima). Pregunta: ¿qué pagó? Posible respuesta: el silencio. La vida privada del gobernador debe importarle, entre otros y aparte de a él mismo, a su esposa. Pero sus políticas, como gobernante, en el área de la prostitución y el tráfico humano nos deberían importar a todos. En 2007 el gobierno de Spitzer aprobó una de las leyes más duras del país contra el tráfico humano, que hacía énfasis en el tema de la prostitución. Según escribió Juhu Thukral, directora de Sex Workers Project, Spitzer se concentró en endurecer las penas contra los clientes de las trabajadoras del sexo. El gobernador apoyaba la idea de meter a la policía en la cama de los adultos para interferir con su libre albedrío. Al acostarse con Kristen y con su propia ley salió perdiendo. La criminalización del comercio sexual sólo sirve para esconder la realidad e impedir que la ley ayude a quien puede ser víctima. En serio: arrestar por ejercitar o ejercer el sexo empeora las cosas.
Alberto Avendaño
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