La Esquina
Virginia: una de cal y muchas otras de arena
En las expresiones que se repiten hasta la saciedad llega un punto en que uno se pierde el significado. ¿Qué pasa cuando nos dan una de cal y otra de arena? ¿Cuál es la buena y cuál la mala? Me dicen que en construcción se elaboraba un mortero de cal y arena: un compuesto que se hacía con una palada de cal el material caro y más noble y otra de arena, lo más abundante y menos importante. Un amigo argentino dice que, en su país, hablan de “una de cal y otra de harina”. Ganas de confundir que tienen en el Cono Sur, pienso. Que a nadie se le ocurra rebozar el pescado en cal y comérselo. Por su parte, los mexicanos, supongo que para aliviar el espíritu fatalista dicen “una de cal por las que van de arena”. Lo malo llega a paladas, lo bueno en pequeñas y aisladas dosis. Eso es lo que nos deparó la sesión de la Asamblea General de Virginia que se acaba de clausurar. Cal, arena y mucha sensación a estómago vacío.
Legislaciones. Lo malo, la arena que nos entierra, es que el espíritu de hostilidad sigue vigente en la legislatura virginiana y el temor al inmigrante disfrazado de la retórica de “los ilegales” hace escasa la cal. De unos 80 proyectos de ley que afectarían a la comunidad inmigrante directamente, 14 han pasado ambas cámaras y se dirigen a la mesa del gobernador Tim Kaine. Otros siete están “muertas” para la presente sesión. Nada que objetar con la legislación que se centra en quienes cometen delitos. Pero debemos estar alerta a como se ponen en práctica ciertas leyes que podrían incentivar acciones policiales basadas en el perfil racial y el prejuicio.
Cabildeos. El 15 de enero el activismo comunitario de las Organizaciones Latinas del Norte de Virginia (VACOLAO) y la organización empresarial latina Ayuda Business Coalition (ABC) coincidieron en Richmond para cabildear en contra de propuestas de ley calificadas como “antiinmigrantes”. Dos meses después, se puede decir que el esfuerzo dio moderados frutos. Tres propuestas que hubieran supuesto un duro golpe contra la comunidad no progresaron. Se pretendía que los empleadores pudieran despedir a cualquier trabajador que hablara español durante el horario laboral. Se pretendía que las universidades debían prohibir que se matriculara un estudiante sin papeles ni siquiera pagando el precio de matrícula que están obligados a pagar los extranjeros, y aunque residiera en el estado o hubiera estudiado en las escuelas públicas del estado. Y se pretendía que el estado de Virginia no imprimiera documentos públicos en español. Desafortunadamente, son tres propuestas que pueden regresar a la mesa de debate en otra ocasión. Por ahora, gana el buen juicio. Pero lo más positivo es que se escucharon voces virginianas en Richmond que hablaban español y sabían valorar el daño que una mala ley puede hacer a toda una comunidad. Ahora falta que los legisladores entiendan la norm alidad de lo latino.
Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369