Opinion
Ortega: el invitado de piedra Región Por Dina Fernández
Uno de los mayores perdedores de la crisis entre Ecuador, Colombia y Venezuela ha sido un cuarto en discordia: el presidente Daniel Ortega de Nicaragua, quien se metió al pleito sin haber sido invitado y sin escuchar la avalancha de advertencias que le lanzó la opinión pública de su propio país. En el momento en que Ortega rompió relaciones diplomáticas con Colombia, la mayor parte de observadores políticos en el país se llevaban las manos a la cabeza clamando que la medida era un error y que ningún otro aliado de Venezuela adoptaba una postura tan radical.
“El presidente está sudando calenturas ajenas”, increpaba el ex candidato a la presidencia y ahora aspirante a la alcadía de Managua, Eduardo Montealegre.
Comentarios similares se escuchaban por doquier. “No debemos nosotros intervenir en este caso, meternos entre las patas de los caballos”, recomendaba el ex canciller nicaragüense Francisco Aguirre Sacasa.
Al final, la ruptura entre Managua y Bogotá duró menos de 24 horas pues el presidente Ortega tuvo que dar marcha atrás, pero la impresión que dejó la política exterior del gobierno sandinista será difícil de olvidar. Quedó claro que el presidente nicaragüense está dispuesto a poner en riesgo la paz del hemisferio con tal de demostrar que es el más fiel aliado de Venezuela.
De la misma forma en que Daniel Ortega fue el único presidente latinoamericano que le hizo la segunda a Chávez cuando éste sacó de quicio al rey de España en la cumbre de “¿por qué no te callas?”, ahora también fue el único que apoyó incondicionalmente al mandatario venezolano.
Vale la pena señalar que en esta crisis hasta los más visibles aliados de Chávez en el cono sur actuaron con mayor prudencia que Ortega. Por ejemplo, el presidente Evo Morales de Bolivia utilizó un tono conciliador, al subrayar la necesidad de “buscar salidas pacíficas y humanitarias a los problemas entre países hermanos”.
En medio del torbellino, la prensa nicaragüense recordó que el actual presidente es un amigo declarado del principal líder de las FARC, Manuel Marulanda, a quien condecoró con la máxima orden sandinista en 1999 en un encuentro en la selva colombiana.
Un columnista afín al gobierno sandinista, Enrique Wheelock Martínez, publicó en el Nuevo Diario que las FARC constituyen un “aliado estratégico” y que por ello conviene apoyarlas para que derroquen al gobierno de Alvaro Uribe “por la vía legítima de las armas”.
Aparte de lucir como un alfil del mandatario venezolano Hugo Chávez, la posición de Ortega también se vio oportunista, pues trató de utilizar la crisis para llamar la atención sobre el diferendo que Nicaragua aún mantiene con Colombia respecto a 100,000 kilómetros cuadrados en el mar Caribe.
A juicio de varios internacionalistas nicaragüenses, como el diputado Wilfredo Navarro, la intervención de Ortega en la crisis andina sólo terminó de complicar el reclamo de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia, al contaminar el caso con un tema netamente político.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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