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FBI: un latino en la división secuestros

Maritza Gueler/ETL
INVESTIGACIÓN. Ronald Chavarro, Supervisor de Crímenes Violentos del FBI en su oficina de DC.

Qué hacer y adónde recurrir
Consejos para padres:

Tener fotos recientes de los niños para que se puedan mostrar y distribuir en los medios.

Tener las huellas de los pies si el niño es recién nacido y las huellas digitales cuando los niños son mayores de dos años. La Policía local provee de un equipo pequeño para que los padres puedan tomar las huellas digitales del niño.

No descuidar al niño en ningún lugar. Un niño puede desaparecer en cualquier momento. Los secuestradores están atentos a cualquier distracción de los padres.

La comunidad latina, aún si no tiene papeles, debe reportar el secuestro de un hijo. En estos casos, ni la policía ni el FBI se fijan en la situación legal de los padres.

Lugares donde llamar y recurrir en caso de desaparición de un niño:

Tel.: 703-274-3900
Línea de 24 horas: 1-800-THE-LOST (1-800-843-5678)
Informes:
www.missingkids.com

Ronald Chavarro lidera un equipo que rescata niños y resuelve crímenes violentos en todo el país

Por Maritza Gueler
El Tiempo Latino

Después de pasar once años trabajando como genetista en la clínica de Citogenética del Hospital de Alexandria, Ronald Chavarro, hijo de una pareja de colombianos que llegó a DC hace 45 años, decidió dejar las cuatro paredes del laboratorio para lanzarse a otro tipo de investigación: la policial.

Quería acción. Decidido, presentó sus antecedentes en el FBI, y 9 meses después, en 1995, estaba trabajando en la División Narcóticos, Homicidios y Pandillas.

Desde 2001, es supervisor de la División de Crímenes Violentos, sección que incluye robos, asaltos y secuestros.

Creció en este país en medio de las dos culturas, ama la comida latina y es un gran bailarín de salsa y merengue. Pero confiesa lo difícil que se le hace estar lejos de su esposa y de sus hijos, un niño de 6 y una niña de 3 años, cuando, con frecuencia, tiene que viajar por trabajo.

Chavarro, con 43 años, es hoy uno de los nombres más representativos en el área de secuestros, y confirma, más allá de los mitos, que en todos los casos, los agentes del FBI trabajan en forma conjunta con la Policía local.

“Los conflictos entre ambas instituciones son parte de la fábula creada por Hollywood”, remarca Chavarro con un toque de humor. “Y si bien puede haber desacuerdos, las dos instituciones tienen un mismo objetivo. Cuando se trata de salvar una vida, como en el caso de los secuestros, no hay tiempo ni lugar para tener conflictos de poderes”.

Por lo general, comenta Chavarro, los supervisores de la Policía y del FBI se ponen de acuerdo y los agentes obedecen órdenes.

El FBI se rige por la leyes federales y sólo puede involucrarse cuando el delito cruza la frontera de un Estado. Los límites están claramente establecidos.
Y cuando se trata de un secuestro, sólo puede intervenir si se supone que el secuestrador llevó a la víctima a otro Estado. Pero es la Policía local la que se encarga de llevar la investigación.

En el caso de secuestros de niños y adolescentes, ambas agencias trabajan en contacto directo con el Centro Nacional para Menores Desaparecidos y Explotados (NCMEC, por sus siglas en inglés), con sede en Alexandria, Virginia.

El centro es un soporte indispensable para la familia que, desconsolada, apenas atina a aferrarse a una foto o simplemente a la desesperación por la ausencia.

Según los datos de esta institución, en el área metropolitana, en los últimos cinco años se registró un promedio de 125 secuestros en DC, 973 en Maryland y 1.323 en Virginia, en un rango de edad de 0 a 18 años. Sin embargo, más allá de las cifras, un 92,4 por ciento de las víctimas se pueden recuperar y regresan a sus hogares.

Uno de los casos más comunes es el secuestro de un niño por parte de un familiar cercano o por alguno de los padres, y en tercer lugar, por un desconocido.

La premisa fundamental es denunciar el secuestro a la Policía lo antes posible. No importa dónde se haya producido. Lo importante es ser rápido.

La Policía es la primera en tomar cartas en el asunto e inmediatamente lo reporta al FBI. Todo lo demás puede parecer una serie policial. Pero no lo es.

La investigación comienza con la familia del niño secuestrado. “El propósito es buscar las evidencias que permitan encontrar la pista de lo que pudo pasar con ese niño”, dice Chavarro. En la investigación se utilizan elementos forenses y se analiza el ADN del niño, elemento que, según Chavarro, le permite seguir en contacto con su profesión de genetista.

“Cuando se produce el secuestro de un niño muy pequeño, siempre existe la esperanza de encontrarlo sin que haya sufrido daños, especialmente si el secuestrador es de la familia”. Por lo general, los casos más frecuentes apuntan a los padres con conflictos en el matrimonio.

“Pero si el secuestrador es un extraño, cada hora que pasa cuenta mucho más porque puede hacerle daño al niño”, insiste Chavarro. Sin embargo, el porcentaje de estos casos es más bajo.

Según datos del NCMEC un promedio de 797.500 niños menores de 18 años son secuestrados en el período de un año, cifra que surge de un reporte diario de 2.185 niños. Cerca de 203.900 son secuestros realizados por algún miembro de la familia, 53.200 lo son por parte desconocidos.

Sólo 115 por año son víctimas de un desconocido que se lleva al niño de su domicilio, lo mata, demanda rescate o intenta quedarse con el niño para siempre.

Pero a pesar de las cifras, Chavarro insiste en que, en su profesión, “lo importante en estos casos es que nunca se pierde la fe”.



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