Opinion
Las FARC: crisis en las Américas Hemisferio Por Dina Fernández
Cuando se supo en Colombia que un comando militar había matado en la selva al vocero de las FARC, la gente lo celebró en las calles, de la misma forma que sucedió para la muerte del gran capo del narcotráfico, Pablo Escobar. “Uno menos”, era la expresión que más repetía la gente según la popular columnista del diario El Tiempo de Bogotá, María Jimena Duzán.
Hartos de la violencia y de una guerrilla que desde hace mucho perdió los ideales, no hubo quien se condoliera por la muerte del comandante Raúl Reyes, el segundo al mando de Manuel Marulanda, “Tirofijo”.
No importó siquiera que la operación militar provocara la ira de dos presidentes vecinos, el ecuatoriano Rafael Correa y el venezolano Hugo Chávez, al punto de que el primero rompió relaciones diplomáticas con Colombia y el segundo cerró su embajada en Bogotá, envió diez batallones de soldados a la frontera y ordenó que despegaran los aviones de guerra.
El ruido de sables, lejos de afectar la popularidad del presidente Alvaro Uribe, terminó por darle el espaldarazo de la población. Cuentan que mientras los medios daban la noticia de la muerte de Raúl Reyes y se desataban las recriminaciones entre Quito, Caracas y Bogotá, los partidarios de la reelección de Uribe salieron a la calle a buscar firmas de apoyo, afirmando a los cuatro vientos que el actual presidente necesitaba un periodo más pues sólo él tenía las agallas necesarias para arrodillar a las Farc.
El “spin” de este asunto es muy diferente entonces al interior como al exterior de Colombia.
El presidente Chávez ha querido aprovechar al máximo la oportunidad para despotricar contra su colega colombiano, con quien ya ha intercambiado insultos. En esta ocasión ha acusado a Uribe de dirigir “un cobarde asesinato” en territorio ecuatoriano y además lo calificó de “criminal”, “mafioso”, “narcotraficante” y “lacayo” de Estados Unidos.
Mientras tanto, el principal ofendido, el presidente Correa, ha reaccionado con más prudencia. A pesar de que hubo algunas protestas frente a la sede de la embajada de Colombia en Quito, varios líderes ecuatorianos se han apresurado para llamar a la serenidad y pedir que la crisis se atienda con “cabeza fría”.
Los documentos que difundió el gobierno colombiano donde se evidencian contactos entre funcionarios de Correa y los guerrilleros de las FARC no han generado una escalada de mutuos señalamientos. Además, el hecho de que el ministro del interior ecuatoriano, Gustavo Larrea, aceptara haberse reunido con Reyes funcionó más como un bumerán contra Chávez que como un golpe a Uribe.
Sea cual sea el desenlace de la crisis, está claro que las hostilidades están a flor de piel en Sudamérica. Chávez ya advirtió que si lo ocurrido en Ecuador llegara a repetirse del lado de Venezuela donde es bien sabido que también se refugian las FARC él responderá con toda la fuerza bélica. Y con el poderoso armamento que ha comprado Caracas últimamente, la advertencia no se puede tomar a la ligera.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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