Opinion
Ya le llaman “Súper Obama” Elecciones 2008 Por Jorge Ramos
No se puede medir pero se siente. Las 2.000 personas en el auditorio de la Universidad de Texas le aplaudieron mucho más al senador Barack Obama (D-Ill.) que a la senadora Hillary Clinton (D-N.Y.). Al ver las reacciones que provoca, es inevitable sospechar que nos encontramos ante uno de esos fenómenos políticos que ocurren muy rara vez en la historia de un país.
Es cierto que la mayoría de los asistentes al debate presidencial copatrocinado por CNN y Univisión eran jóvenes estudiantes, la base de votantes del senador de 46 años. (Clinton tiene 60.). Pero para sus seguidores es simplemente “Súper Obama”, el candidato que viene a cambiar el mundo.
El entusiasmo por este delgadísimo político, de padre nacido en Kenia y madre de Kansas, raya casi en el culto. Si Obama habla, le aplauden. Si toma agua, le aplauden. Y si estornuda, también le aplauden. No exagero: vea los vídeos en youtube.com.
Esto explica, en parte, porqué ha ganado las últimas 10 elecciones primarias del Partido Demócrata y por qué pudiera colgarse de la nominación presidencial si gana en Texas y Ohio el próximo martes 4 de marzo.
Pero sería injusto decir que se trata, únicamente, de una cuestión de carisma, retórica e inspiración.
Su experiencia en el gobierno es mínima cuatro años en el Senado si se le compara con la de cualquier otro precandidato presidencial. Sin embargo, es precisamente su poco bagaje y su frescura lo que lo convierte en un personaje tan atractivo para los votantes.
Barack parece no tenerle miedo a nada. Es un joven como cualquier otro. Y aunque esté mucho más cercano a mi edad (49), lo siento perfectamente conectado a la generación de mi hija de 21. Su mensaje es tan claro y sencillo que todo el mundo se lo sabe: cambio, cambio, cambio. Promete romper con el pasado y tender puentes hacia el futuro y el resto del mundo. Su contrincante, Clinton, lo acusa de hablar mucho y de ofrecer pocas soluciones concretas. Y a los periodistas nos acusan por no presionarlo más en las entrevistas.
La realidad es que Obama sabe leer bien lo que quiere el país, y últimamente ha llenado sus discursos con muchos ms detallitos. A pesar de su fama de idealista, es un político fieramente pragámtico. Clinton lo ataca y él, en lugar de contestar, prefiere apuntar sus críticas al virtual candidato presidencial del Partido Republicano, John McCain. Es una estrategia inteligente. Aunque todavía esté lejos de la nominación, le está sugiriendo a los votantes: a Clinton ya le gané, hay que apuntar en otra dirección.
A pesar de ser uno de los senadores más liberales del país, ahora se está yendo hacia el centro donde está la mayoría de los votantes en unas elecciones generales y está demostrando mucha más cautela.
Tres ejemplos:
1. Dice que se reuniría, sin condiciones previas, con el nuevo líder de la dictadura cubana y permitiría que los norteamericanos viajen a la isla y envíen más dinero. Pero no levantaría el largo embargo económico contra Cuba.
2. Dice que buscaría la legalización de los 12 millones de indocumentados durante su primer año de gobierno. Pero votó a favor de extender el muro en la frontera entre México y Estados Unidos.
3. Dice que sacaría a las tropas norteamericanas de Irak. Pero aprovecha cada oportunidad para resaltar el sacrificio y patriotismo de los soldados que luchan allá.
Resulta difícil creer que en un país marcado por décadas de esclavitud, seguidas por décadas de segregación y racismo y en el que aún se pelea todos los días contra la discriminación el color de piel de Obama haya pasado a ser un asunto secundario. Por eso la candidatura de Obama sugiere un nuevo clima de apertura en Estados Unidos. Y soy testigo de ese cambio.
Es verdad que la imagen de Estados Unidos está muy desgastada en el mundo por la innecesaria, costosa y violentísima guerra en Irak, y por las flagrantes violaciones a los derechos humanos en las cárceles de Abu-Ghraib y Guantánamo, entre muchos otros asuntos.
Pero hay que reconocer un altísimo grado de apertura y tolerancia cuando un inmigrante, como yo, se puede presentar en un debate en televisión nacional a hacerle preguntas en inglés (y en español) a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.