Opinion
Centroamérica, la violencia y las iniciativas Región Por Diana Pardo
Los altos índices de delincuencia y violencia que azotan a los países centroamericanos, han traído como resultado la proliferación de discursos centrados en el problema de la inseguridad y el surgimiento de una serie de iniciativas para combatir este flagelo que atenta contra el desarrollo económico y social de la región.
Las estrategias han oscilado entre planes de mano dura y tolerancia cero, como los implementados con poco éxito en El Salvador, Honduras y Guatemala, y más recientemente en programas que buscan darle un enfoque más preventivo al problema de la delincuencia.
En este contexto, el presidente Alvaro Colom de Guatemala, acaba de anunciar la implementación del Plan Cuadrante, una iniciativa puesta en práctica con el apoyo de los carabineros de Chile, que busca aumentar la presencia policial en las calles, dar una respuesta operativa más rápida, y acercar a la policía con la comunidad.
En Chile este programa lleva en ejecución varios años, y ha sido la estrategia policial operativa más importante para combatir la delincuencia. Su premisa fundamental ha sido lograr una mayor integración entre la policía y los ciudadanos, y ha significado también la modernización de los carabineros en términos de tecnología, equipamiento y dotación policial.
¿Tendrá éxito esta iniciativa en Guatemala? En la mayoría de las veces los modelos importados no funcionan, porque las características de la criminalidad son muy distintas en cada país. En el caso de Chile, los carabineros han gozado por muchos años de la confianza y el respeto de la población. La policía es en este país una institución moderna y profesionalizada.
En Guatemala, la profunda desconfianza que existe hacia los miembros de la Policía Nacional Civil, y la presencia de una corrupción institucional generalizada se cuentan entre los principales problemas a solucionar.
De acuerdo al Iberobarómetro de 2007, sólo el 16 por ciento de los guatemaltecos confían en la Policía, comparado con el 55 por ciento de los chilenos.
Por otra parte, las modalidades de la criminalidad son muy diferentes en uno y otro caso. La inseguridad se presenta como un fenómeno mucho más complejo en este país por la existencia de las pandillas, el narcotráfico, y el crimen organizado.
La iniciativa del Plan Cuadrante es por supuesto positiva. Indudablemente es síntoma de que se está avanzando y es necesario impulsar este tipo de programas.
Pero para obtener resultados efectivos, el Plan no debe implementarse de manera aislada, sino que debe ser parte de una política integral y complementarse con medidas transversales que tengan en cuenta las múltiples causas de la violencia, y los aspectos sociales del problema.
En este sentido, se debe hablar de una estrategia en la que participe no solamente la Policía Nacional, sino todas las instituciones del Estado y todos los estamentos de la sociedad civil como co-responsables de las tareas para prevenir el delito.
Diana Pardo es analista político con la firma Newlink en Miami, Florida.
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