HISTÓRICO. El argentino Diego Maradona levantó la segunda Copa del Mundo para su país en México-86 ayudado por “la mano de Dios”.
“La mano de Dios” y la bengala que supuestamente hirió al chileno Roberto Rojas muestran la otra cara del fútbol
Por Miguel Guilarte
El Tiempo Latino
Dicen que en el amor y en el juego todo se vale y muchas veces circunstancias fortuitas han resultado determinantes en el desenlace, bueno o malo, de una relación sentimental, una partida de ajedrez o un encuentro de fútbol.
En el fútbol, el deporte que despierta la mayor cantidad de pasiones, eso nunca ha sido una excepción y su historia está llena de situaciones en las que una cosa fue la que los jugadores hicieron, otra la que los aficionados vieron y otra la que el árbitro sentenció.
Y quizás una de esas jugadas admiradas por su espectacularidad, criticadas por su validez y que ha sido y será comentada por muchas generaciones fue el famoso gol “la mano de Dios” que el argentino Diego Armando Maradona le marcó a Inglaterra en cuartos de final del Mundial de Fútbol México-86.
Fue el abrebocas de una faena memorable en la que “El Pelusa” además agregó el gol más espectacular en las historia de los mundiales en ruta a una victoria de Argentina 2-1, un triunfo más agradable aún para los sudamericanos porque sirvió de bálsamo al dolor que sufría ese país por la derrota que le propinó Inglaterra en la guerra de Las Malvinas en 1982.
Quién sabe si Diego tenía en su mente vengar a sus país deportivamente haciendo uso de su zurda privilegiada y su don natural para jugar al fútbol, que le mantienen en la opinión de muchos junto al brasileño Pelé como los dos mejores futbolistas de la historia.
El mundo quedó impresionado por su genialidad. El 22 de junio con un marco impresionante en el estadio Azteca de Ciudad de México y después de un primer tiempo insípido, Maradona marcó en el minuto 55 “la mano de Dios”, ante el asombro de casi 115 mil aficionados que abarrotaron esa tarde el legendario recinto capitalino y la “impunidad” del árbitro tunecino Ali Bennaceur.
Fue sólo un anticipó de lo que Maradona haría cuatro minutos después. Mientras todavía se comentaba la valides de su gol, “El Pelusa se resarció convirtiendo el gol más bello de los mundiales.
La jugada duró escasamente diez segundos, en los que el “Diez” de Argentina recorrió sesenta metros con el balón controlado, burló a seis jugadores ingleses y lo tocó suavemente ante la salida del guardameta Peter Shilton.
Argentina se impondría después a Bélgica en semifinales (2-0) y a Alemania Occidental en la final (3-2) con lo que logró su segundo título del mundo después del no menos polémico logrado en su tierra en 1978, en plena dictadura del general Jorge Rafael Videla.
“La mano de Dios” ha dado tanto que hablar en los últimos 22 años, al punto de que el propio Maradona hace unas semanas se enfrascó en una nueva polémica después de que el diario The Sun de Londres publicó que el argentino había pedido perdón a los ingleses por aquel gol, una supuesta declaración que generó reacciones adversas en Argentina pero que él mismo desmintió.
“Si pudiera pedir perdón y regresar en el tiempo y cambiar la historia, lo haría. Pero el gol sigue siendo un gol, Argentina se convirtió en campeón mundial y yo fui el mejor jugador del mundo. Todo lo que puedo hacer es seguir para adelante”, declaró Maradona según The Sun.
Poco más de tres años después, Chile se enfrentaba a Brasil por las eliminatorias al Mundial Italia-90, cuando el portero chileno Roberto “El Cóndor” Rojas protagonizó el hecho más bochornoso de la historia del fútbol chileno.
Rojas comenzaba a destacar en esa época como uno de los mejores porteros a nivel mundial y comenzaban las especulaciones sobre el supuesto interés de parte de clubes como Atlético Madrid y Real Madrid de España.
El 3 de septiembre de 1989 en el mítico Estadio Maracaná de Río de Janeiro, lleno hasta la bandera con 130 mil personas, Brasil y Chile se veían nuevamente las caras después de haber empatado en Santiago en el encuentro de ida.
Al minuto 50, el brasileño Careca puso el 1-0 que eliminaba a Chile hasta que en la vuelta 66 sucedió algo insólito. Desde las gradas ubicadas detrás de la portería de “El Cóndor” Rojas salió una bengala que cayó en la grama cerca del portero chileno. En las imágenes de televisión se vio claramente que no lo tocó.
Una humareda detenía el partido y Rojas se encontraba tirado en el suelo con las manos en la cabeza. Fue auxiliado por sus compañeros y los médicos del equipo. Un gesto desesperado para que le llevaran la camilla, evidenciaba la gravedad del hecho. Rojas se encontraba bañado de sangre con los ojos cerrados. La bengala que, supuestamente, había cortado la ceja del portero, provocando que el equipo chileno no continuara el encuentro sembrando la incertidumbre sobre el Maracaná.
La FIFA determinó que los puntos serían otorgados a Brasil porque el equipo chileno había abandonado el campo de juego.
Se descubrió la verdad y el propio Roberto Rojas admitió que se había hecho un corte con una gillette, admitiendo la farsa más grande del fútbol chileno.
Fue una trampa de Rojas, estaba desesperado a pesar de que había jugado uno de los mejores partidos de su vida conteniendo a la poderosa ofensiva brasileña hasta el gol de Careca. Pero perdían 1-0 y si le daban el partido por ganado iría al Mundial. Se descubrió el engaño. La bengala nunca alcanzó a Rojas, aunque éste siguió insistiendo en su inocencia hasta dos meses después cuando se vio acorralado y confesó que llevaba un bisturí oculto en uno de sus guantes y que aprovechó para autolesionarse.
Un hecho que le originó a “La Roja” chilena la suspensión de dos mundiales, otros jugadores involucrados en el caso y dirigentes. “El Cóndor” recibió una suspensión de la FIFA de por vida, aunque más tarde le levantó el castigo en 2001, doce años después. La vergüenza no le permitió volver a jugar al fútbol, aunque por esas ironías de la vida sí consiguió trabajo como entrenador de porteros en el mismo Brasil, nada menos que con el Sao Paulo, al que más tarde dirigió.
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