Una discriminación intolerable Sociedad
Por Bernardo Kliksberg
En el mundo mueren más mujeres de violencia que de cáncer. Una mujer peruana residente en Chile sufrió lesiones estos días cuando su pareja la atacó con una plancha caliente. Un caso más en una América Latina que es también una “zona roja”.
A pesar de los avances jurídicos, como la Convención Interamericana contra la violencia de Belem do Para (1993), las cifras no han descendido sino incluso han crecido.
Un informe de varias agencias de la ONU dice que la región “sufre de esta pandemia mundial de violencia contra la mujer”. Del 30 por ciento al 60 por ciento de las mujeres, según el país, son objeto de violencia doméstica. Las cifras subregistran el problema porque muchas mujeres no denuncian la violencia. En Bolivia (2003) el 52,3 por ciento de las mujeres denunciaron abusos de su pareja o ex pareja; en Perú (2004), el 42,3 por ciento; en Colombia (2004), el 39 por ciento; en Ecuador (2004), el 31 por ciento; en República Dominicana (2002), el 21,7 por ciento; en Nicaragua, el 40 por ciento.
En México, el 35,4 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia emocional. En dicho país cada 35 minutos se recibe un llamado de una mujer atacada. En Brasil, el 33 por ciento de las mujeres ha sido objeto de violencia física con armas de fuego, agresiones y violación conyugal. En Uruguay, entre enero y mayo de 2007, las denuncias por violencia doméstica subieron un 55,6 por ciento respecto a las de igual período del año anterior. En Chile entre 1990 y 2007, más de 900 mujeres fueron asesinadas, la gran mayoría por sus parejas. En 2001 hubo 35 casos, en 2002, 49, en 2006, 51.
En Bahamas, el feminicidio significó el 42 por ciento del total de asesinatos en 2000, y el 53 por ciento en 2002. En la capital federal de nuestro país, el Consejo Nacional de la Mujer estima que una de cada tres mujeres es víctima de violencia y los crímenes contra mujeres constituyeron entre el 78 por ciento y el 83 por ciento de los delitos de violencia registrados entre 1999 y 2003.
La tolerancia social, el silencio, y la impunidad acompañan con frecuencia a la violencia de género.
En algunos lugares la vida de una mujer parece tener una significación limitada. En Ciudad Juárez, México, centenares de mujeres han sido secuestradas, violadas y asesinadas. En Guatemala, hubo 3.300 asesinatos de mujeres en los últimos siete años; en Honduras, 1.000 en similar período. Las condenas han sido muy pocas.
La violencia también existe en el lugar de trabajo con otras formas. Entre ellas las prácticas de despedir a las mujeres embarazadas, retacearles el período de descanso por maternidad o pagarles con una escala salarial diferente. Los daños a las mujeres objeto de violencia son incalculables.
Como señala Sonia Montano, jefa de la Unidad de Mujer y Desarrollo de la CEPAL:
“Una mujer maltratada, golpeada, disminuida, no puede ser ciudadana, ni productiva, ni madre”.
Los niños sufren igualmente. Un estudio en Nicaragua estableció que el 63,1 por ciento de hijos de madres víctimas de violencia han tenido que repetir el año escolar y dejan la escuela como promedio cuatro años antes que los otros niños. La exposición a la violencia lleva asimismo a su reproducción intergeneracional. Muchos de los “golpeadores” vienen de hogares donde vieron ese comportamiento.
Los gastos médicos por lesiones y muertes relacionadas con violencia doméstica eran a fines de los 90 de un 1,3 por ciento a un 5 por ciento del Producto Interno Bruto según un estudio del BID en seis países de la región.
Las soluciones existen. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en España ha emprendido una vigorosa campaña de reformas profundas en todos los planos (legal, judicial, y educativo), con avances considerables. Se requiere colocar el tema en la agenda pública, una voluntad política firme para atacarlo y asignaciones presupuestarias acordes.
A pesar de importantes progresos, sólo 17 de 33 países de América Latina y el Caribe han aprobado el Protocolo Facultativo de la Convención de lucha contra todas las formas de discriminación contra la mujer.
El Programa de mujeres del Foro Económico Mundial produjo el Indice 2007 de Diferencias de sexo, que compara 128 países según las oportunidades económicas, el poder político, la educación y el acceso a la salud pública entre hombres y mujeres. Lo encabezan por segundo año consecutivo como era de esperar Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia. Todos ellos tienen ministerios que velan por la igualdad en general y particularmente por la de género. Han superado la discriminación en la realidad.
España, gracias a sus esfuerzos, está en el décimo lugar. Las economías mayores de la región se posicionan de esta manera: Argentina, en el 33, Brasil en el 74 y México en el 93.
El mayor crecimiento económico de América Latina en los últimos años no ha tenido impacto sobre la violencia doméstica, que ha continuado ascendiendo.
Dicha violencia, y todas las formas de violencia de género, están alimentadas por arraigados estereotipos machistas, prejuicios y desvalorizaciones de la mujer.
Ha llegado la hora de erradicarlas a través de políticas combativas y esfuerzos colectivos concertados de todas las esferas de la sociedad, y de la intimidad del hogar.
Kliksberg es asesor principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del PNUD. Es autor de "Primero La Gente" (Planeta, 2008). Escrito con el Premio Nobel de Economía Amartya Sen.
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