Opinion
Inmigración, tema electoral Elecciones 2008
Por Marcela Sánchez
Hasta la semana pasada, Mark Malloy era uno de muchos latinos que se apartaban del Partido Republicano. El maestro de escuela intermedia, de padre estadounidense y madre nicaragüense, hacía parte del grupo de votantes latinos conservadores que, motivados por la asociación de los republicanos con una dura posición ante la inmigración, se inclinaban aparentemente hacia el Partido Demócrata.
Malloy estaba “tan repugnado” con las medidas anti inmigración ilegal en su estado natal de Virginia, que el año pasado contribuyó por primera vez en su vida con una donación a un candidato, el demócrata John Edwards. Este mes incluso votó por la senadora Hillary Clinton en la primaria de Virginia. Ahora, con el senador John McCain a punto de convertirse en el nominado republicano, Malloy afirma que su decisión de darle la espalda a dicho partido podría cambiar.
A pesar de todo lo que se dice sobre lo difícil que será para los conservadores apoyar a McCain en la elección general, para votantes conservadores latinos ello no implica ningún esfuerzo. McCain representa para ellos el mejor de todos los candidatos en la contienda cuando de inmigración se trata.
Es por eso que el inmigrante boliviano Rafael López, ahora consejero en Dumfries, Virginia, ha apoyado a McCain desde un principio. Cuando la campaña de McCain parecía en dificultades y su nominación poco probable, López se empezó a preocupar. “Si no tenemos un buen candidato en nuestro partido”, dijo López en ese entonces, votaría por Clinton.
En los últimos años, el electorado latino se ha convertido en una fuerza política muy atractiva debido a su vertiginoso crecimiento. En la elección de noviembre, los hispanos podrían representar hasta un 11 por ciento del total del electorado, mucho más del 6 por ciento del 2000, de acuerdo con el encuestador John Zogby.
No sorprende que el ex consejero político de cabecera del Presidente Bush, Karl Rove, astutamente cortejara a los votantes latinos con un mensaje sobre valores de interés común como los familiares y religiosos. Los votos hispanos de la Florida fueron cruciales para la estrecha victoria de Bush en 2000, y cuatro años más tarde hasta un 40 por ciento de votantes hispanos a lo largo del país apoyaron a Bush, una cantidad sin precedentes para un republicano.
Las cosas empezaron a erosionarse poco después de la reelección de Bush. En 2005, un proyecto de ley punitivo auspiciado por el presidente del Comité Jurídico de la Cámara F. James Sensenbrenner motivó a cientos de miles a marchar en las calles en su contra.
Cuando las medidas antiinmigración parecieron convertirse en una obsesión para la base republicana, la mayoría de los candidatos de ese partido adoptaron una posición de línea dura que puso más en riesgo las ganancias obtenidas previamente entre los votantes latinos. McCain, que coauspicio la reformar integral en el senado en 2007, se vio a la defensiva. Desde que el proyecto fue derrotado, McCain ha venido insistiendo en que lo primero será la seguridad en la frontera. Pero reitera también que los estimados 12 millones de indocumentados en este país “necesitan alguna protección legal” y recuerda que tal como con otras olas inmigrantes, los hispanos han “enriquecido nuestra cultura y nuestro país”.
A medida que la relación entre los latinos y el Partido Republicado evoluciona, pareciera que una plataforma que se basa en la deportación es incompatible con los valores del partido sobre la familia, aseguró Frank Sharry, director ejecutivo del National Immigration Forum. Si bien temas como la educación, la salud, la economía figuran como prioridades más importantes para el electorado hispano en las encuestas, la inmigración es el gran motivador que lleva a los latinos a las urnas, lo que representa una amenaza significativa para candidatos que adoptan una posición anti inmigrante.