La Esquina
Castrismo sin Castro y otros imposibles
Día: martes, 19 de febrero. Hora: 5:15 am. Me despierto con las noticias de National Public Radio donde un locutor habla de Fidel Castro en pasado. Abro los ojos. Pienso: ha muerto. Pocos segundos después escucho que el Comandante ha renunciado oficial y públicamente a otro mandato en Cuba. Hacía 49 años y 42 días que había entrado en La Habana, liderando a una guerrilla que había hecho historia al derrocar a un regimen absurdo, bananero, dictatorial. Lo que vino después también es historia: de la buena y de la mala. Más represiva que compasiva. Más burocrática que creativa, la revolución cambió cosas: sanó cuerpos, alfabetizó mentes y reprimió espíritus. Demasiada complejidad para la simpleza de Estados Unidos que, en política exterior, sólo acepta a sus dictadores y ha tendido a ser posesivo con los carniceros del hemisferio. Tal vez ahora, después del anuncio de Castro, Washington se replantee el embargo: ese gran negocio bilateral que ha unido a ambos países en el grito.
Raúl sin Fidel. El domingo 24 la Asamblea Nacional debe elegir al nuevo dirigente del país. Castro ya no será una opción. Su hermano, Raúl, ha ejercido el Castrismo sin Castro desde julio de 2006. Ha sido un año y medio donde el pragmatismo de Raúl, del que tanto hablan los cubanólogos, sucumbió bajo la sombra del convaleciente comandante. Se dice que ahora Raúl puede regresar a ejercer el poder como segundo de abordo. Que alguien, nacido con la revolución, podría ser la nueva cara el regimen. ¿Será la transición? ¿O el inicio de la China del Caribe?.
Esperanza. Mi único contacto con quien ha sido definido como uno de los líderes más carismáticos del siglo XX sucedió en el otoño de 1991, en el Palacio de la Revolución, junto a un pequeño grupo de periodistas europeos. La Unión Soviética había dejado a los cubanos “colgados de la brocha”, como dicen en la isla, y se habían llevado hasta la escalera. Hubo más crisis y más necesidad el pan de cada día. Se abrieron algunos negocios privados y se amplió la inversión extranjera. Se decía que “un paso atrás, ni pa’ coger impulso” y, en la realidad, se daba a diario un paso adelante y dos atrás, hasta el aburrimiento.Mientras el cubano vivía “resolviendo”, Castro me respondió a una pregunta sobre el futuro con que la oposición política en Cuba no existía y con que los revolucionarios nunca se jubilan. Hoy el revolucionario de origen gallego, Fidel Castro Ruz, se retira por obligación, no por convicción. El cambio llega a la perla antillana por medio de la biología, no de la ideología. No hay castrismo sin Castro y eso se verá en los próximos meses, y en pocos años. Al final pierde Fidel, pierden 10 presidentes de EE.UU. y el pueblo gana la esperanza. A quien en Miami pide sangre, recordémosle lo que dijo Benazir Bhutto: “La democracia es la mejor venganza”.
Alberto Avendaño
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