Opinion
Centroamérica, malas notas en la educación Región
Por Dina Fernández
Un selecto grupo de pedagogos centroamericanos, patrocinado por el Diálogo Interamericano de Washington, ha publicado un reporte sobre el estado de las escuelas en la región.
El análisis se presenta bajo la forma de una libreta de calificaciones, acompañada de comentarios que ahondan en las conclusiones de la investigación. El resultado no es halagador.
Los expertos identificaron nueve áreas claves para determinar el estado de los sistemas educativos de la región: punteo de los alumnos en exámenes nacionales, asistencia, permanencia en la escuela, equidad del sistema educativo, inversión en educación primaria y secundaria, autoridad y responsabilidad a nivel de la escuela, profesionalización de los maestros, estándares educativos y sistemas de evaluación.
Los seis países centroamericanos, a los que se agregó República Dominicana, puntearon “mal” y “muy mal” en cinco asignaturas, “aceptable” en tres y “bien” en una sola.
No es de extrañar que el peor resultado se haya obtenido en equidad. Si Latinoamérica es la región más desigual del mundo y algunos países centroamericanos como Guatemala o El Salvador se pelean los primeros lugares a nivel del planeta cae de su peso que las escuelas no funcionen precisamente para nivelar oportunidades.
Los pobres, las personas que viven en áreas rurales y los indígenas de Centroamérica tienen menos posibilidades de estudiar. La situación se torna especialmente grave en Guatemala, Honduras y Nicaragua, donde menos del tres por ciento de los pobres terminan la secundaria.
Por el contrario, la asignatura que salva la libreta de la región es la de asistencia. Durante los últimos años los gobiernos del istmo han hecho un esfuerzo histórico por atraer a los niños al sistema educativo. En la mayoría países la cobertura de la educación primaria es ya casi universal, con la excepción de Nicaragua y República Dominicana, donde todavía existe un preocupante trece por ciento de niños no inscritos en la escuela.
Centroamérica ya logró que los niños lleguen a la escuela; ahora falta que se queden hasta graduarse. Para mejorar la calidad educativa, el primer reto consiste en reducir la repitencia en primaria, que por ahora es la más elevada del continente. (Afecta, por ejemplo, a casi 30 por ciento de los niños de primer grado en Guatemala).
La dignificación de la profesión magisterial constituye un elemento crucial en el proceso. En la mayor parte de Centroamérica no es necesario haber pasado por la Universidad para enseñar en las escuelas. Pero lo más preocupante es que la obtención de las plazas de maestros, los asensos y aumentos salariales no suele basarse en la calidad del trabajo desempeñado, sino en favores políticos o en años de servicio.
Ninguna mejora se puede conseguir sin elevar el presupuesto de educación a por lo menos un cinco por ciento del Producto Interno Bruto de cada país. Las elites de la región saben que necesitan escuelas de primera para reducir la pobreza, no digamos con soñar en un futuro más próspero. Resta ver si están dispuestas a pagarlas.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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