ARMANDO CALDERÓN SOL Ex presidente de El Salvador “EE.UU. debe unificar la política migratoria”
Portada del libro de Calderón Sol.
Armando Calderón Sol participó en las negociaciones de los acuerdos de paz en El Salvador que culminaron el 16 de enero de 1992. Dos años después, llega a la presidencia convirtiéndose en el mandatario de la nueva democracia salvadoreña, 1994-1999, con el partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) que ayudó a fundar en 1981. Es doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de El Salvador y autor del libro “Anhelos y Desafíos del Presidente” (2003), donde resume su ideario y anecdotario político. El ex presidente salvadoreño critica a Estados Unidos por la ausencia de una política unificada hacia Centroamérica. Calderón Sol conversó con el director de El Tiempo Latino Alberto Avendaño.
¿Cuál es su balance de los acuerdos de paz? Los acuerdos cambian El Salvador. Es la refundación del país. Una nueva República. Es la superación de un poder militar de más de 60 años. Llega la libertad de prensa, una nueva Policía Nacional Civil, se disuelven organismos de seguridad pública en manos de los militares, surge la Procuraduría de Derechos Humanos, se producen modificaciones constitucionales y se modifica el organigrama del Estado.
¿Y ese país refundado es hoy una democracia sólida? Somos una democracia sólida, pero yo diría que el país no ha logrado asentarse todavía debido a que la izquierda ortodoxa no ha evolucionado. Hay un sector del FMLN que se ha quedado en el pasado, soñando con el modelo cubano, esperando las dádivas del presidente de Venezuela Hugo Chávez. Esa izquierda no es democrática.
¿Cómo valora el rol de los salvadoreños en el proceso? El pueblo salvadoreño ha sido ejemplar. Se adaptó bien en un proceso de reconciliación ejemplar. Y los dos bandos militares en pugna mostraron gran disciplina.
Visto desde hoy, ¿qué cambiaría de su etapa presidencial?
Me hubiera gustado haber consolidado más el estado de derecho y la cultura de respeto a las instituciones. Por años se provocó en El Salvador una desobediencia civil que ha retrasado esa cultura y la disciplina social de cumplimiento con la ley y respeto a la autoridad.
¿Cree usted en la alternancia en el poder? Yo creo que la alternancia es sana. La visión de una derecha conservadora y de una izquierda liberal es algo complementario en el marco de la institucionalidad democrática... En El Salvador no se concretiza por la estrechez mental de la izquierda ortodoxa.
Son 16 años de ARENA en el poder, ¿cree que un FMLN con la imagen de independencia y prudencia que proyecta su candidato, Mauricio Funes, puede beneficiarse del desgaste de ARENA? Puede ser. 16 años es ventaja y desventaja. Lo hecho ha sido positivo. Pero creo que a pesar de que Funes es independiente que lava cara e imagen, su segundo es un ex comandante guerrillero ortodoxo. Además hay contradicciones entre el candidato y el partido. Y eso los desgasta a ellos y nos da fortaleza a nosotros. ARENA ha hecho cambios y se han abierto espacios.
En su libro, comenta el frustrado intento de Cecilia Gallardo para aspirar a la vicepresidencia. ¿Cree que hoy una mujer puede llegar a la presidencia de El Salvador? Una mujer podría ser presidenta en El Salvador. En mi gabinete hubo mujeres brillantes y hoy el partido podría considerar a una candidata presidencial. En ARENA hay espacios para eso.
¿Cómo se construye un El Salvador menos dependiente de las remesas? Hay que canalizar mejor esos recursos y esas remesas. Estados Unidos no ha entendido, y por eso no hay política clara para América Latina, que somos el continente de la esperanza y de la libertad. Por eso hay sentimientos encontrados con Estados Unidos, por la falta de voluntad de ayudar a Latinoamérica. En Europa los fondos de la Comunidad Europea han impulsado a países como España y Portugal. Ha habido conciencia solidaria de su entorno. EE.UU. no lo entiende.
¿Qué se puede hacer para que la temporalidad migratoria salvadoreña se convierta en presencia de pleno derecho? Yo le diría a Estados Unidos que unifique una política común migratoria para Centroamérica. La ley Nacara es el reflejo de la falta de una política unificada: un tratamiento para salvadoreños y guatemaltecos, cero para hondureños y una política abierta para Nicaragua. Cuando hay una política migratoria para cada estado, para cada parcela, ¿qué se le está diciendo a esos pueblos? ¿que se les quiere divididos? No es posible. La solución no pasa por una política migratoria para cada estado, para cada parcela, sino por la voluntad de crear una política de unificación.
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