Opinion
A la espera del chaparrón, sin desesperarse Hemisferio
Por Dina Fernández
Se acabó la fiesta en América Latina.
Después casi cinco años de presentar los crecimientos económicos más notables de las últimas dos décadas, la inminente recesión en Estados Unidos tiene alicaídos a empresarios y políticos al sur del Río Bravo. En promedio, la región creció cinco por ciento el año pasado y algunos países como Venezuela, Argentina y Colombia mostraron crecimientos superiores al seis por ciento. Sin embargo, los expertos pronostican que en el actual entorno global, será imposible mantener el ritmo.
El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, ha calculado que la temporada de vacas flacas que se avizora golpeará a la región con una baja de dos puntos porcentuales en el crecimiento.
A pesar de los suspiros pesimistas, no ha cundido la desesperación. Si en algo están de acuerdo los analistas es que hoy la región está mucho mejor preparada para enfrentar una crisis que en el pasado. Los indicadores macroeconómicos lucen sanos. En vez de cargar con pesados déficits fiscales, muchos países del sur del continente han acumulado reservas. Han ejercido disciplina en el gasto y han sabido aprovechar la bonanza generada por el alza del precio en sus productos de exportación, como el cobre chileno o la soya argentina. De igual forma, han logrado mantener la inflación bajo control y recuperar el crédito interno con mejores prácticas y más prudencia.
Sin duda alguna, las economías de México y el istmo centroamericano serán las que más sufrirán los efectos de las turbulencias financieras en Estados Unidos, debido a la dependencia comercial con el vecino del norte y a la importancia de las remesas que envían los migrantes.
Si bajan las exportaciones a la Unión Americana, el primer socio comercial del área, y si las familias más vulnerables se encuentran de pronto con menos dinero en el bolsillo, el remezón no será despreciable. Sobre todo, porque según algunos analistas, los errores ya se cometieron. En Guatemala, por ejemplo, el fundador de la firma Central American Business Intelligence, Miguel Gutiérrez, señala que el país está por pagar los platos rotos de una política monetaria demasiado laxa, un crecimiento desordenado y riesgoso de la banca y la falta de una supervisión efectiva sobre el sector financiero.
En un artículo reciente, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, y su principal asesor de investigación, Eduardo Lora, advierten que los gobiernos deben tomar medidas pronto para paliar vulnerabilidades. Recomiendan por ejemplo, fortalecer la disciplina fiscal que empieza flaquear en algunos países, mantener a raya el endeudamiento y evitar que se dispare la inflación. “Los riesgos macroeconómicos no parecen críticos”, afirman, “pero podrían aumentar abruptamente si se combinan varios factores adversos”.
Por ahora, el mayor peligro es la incertidumbre respecto a la magnitud de la onda expansiva que la crisis hipotecaria ha desatado en los mercados financieros internacionales. Hay que llegar al fondo del agujero para saber qué tan duro se sentirá el impacto en la región.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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