LÍDER. El doctor Juan Romagoza, en su última semana de trabajo, el lunes 28, con Paula Vásquez y su nieta Leslie Ávila de 5 años.
En sus propias palabras Amargos recuerdos de Romagoza, torturado en la guerra civil:
“Me dieron un disparo en la mano izquierda porque decían que era izquierdista por ayudar a mi pueblo. Y me cortaron los dedos de la derecha para que no vuelva a operar a los campesinos”, recuerda Juan Romagoza, quien en sus primeros años de médico le tocó vivir la cruenta guerra civil en El Salvador.
“Yo había visto caer a mi gente. Perdí la cuenta de los campesinos, mujeres y niños que curé. A veces me tocaba ir a embalsamar los cuerpos... tantos cuerpos”, dice.
Fue secuestrado y torturado por miembros de la Guardia Nacional, que lo acusaban de guerrillero. “Pasé colgado ocho días y sufrí gran daño, pero no peor que otros”, relata. “Estaba herido, pero no podía ir a los hospitales porque me hubieran matado. Mi hermana se convirtió en mi enfermera. Me vi obligado a salir de mi país”, narra.
Luego de 20 años en La Clínica del Pueblo, en DC, el doctor Juan Romagoza vuelve a El Salvador
Por Milagros Meléndez-Vela
El Tiempo Latino
Sentado en el que ya no será más su escritorio desde febrero, el doctor Juan Romagoza Arce recordó el lunes 28 la primera vez que puso un pie en La Clínica del Pueblo.
Era octubre de 1986. El joven médico que había sido torturado durante la guerra de El Salvador y se había refugiado en San Francisco visitó Washington, DC con el Movimiento Santuario que le había dado protección.
Romagoza se enteró de la existencia de una pequeña clínica para los inmigrantes. La visitó y se enamoró de ella a tal punto que cuando hubo una amenaza de cierre por falta de voluntarios, dejó la comodidad de San Francisco y se trasladó al Distrito, con la misión de levantar una clínica para “los más necesitados”.
Dos décadas después, este líder en salud, tiene la satisfacción de decir que cumplió su cometido y a sus 57 años pasa la posta de la dirección a otros.
Hoy viernes 1 regresa a El Salvador para emprender otra misión con las comunidades pobres de su pueblo natal, Usulután.
De la pequeña clínica abierta en los años 80 con un único doctor en el palomar (último piso) de un viejo edificio sin calefacción en la calle Irving solo quedan recuerdos. Hoy, La Clínica del Pueblo es un moderno centro de salud comunitario en la Calle 15, con 100 empleados y un presupuesto de $7 millones, entre fondos federales, locales y privados.
Los múltiples servicios médicos, desde prevención y tratamiento del VIH/sida hasta rehabilitación de drogas y salud mental, llevan el sello “inmigrante”.
Romagoza creó un modelo único de servicios que se adaptan a las necesidades de los pacientes, aunque al principio hubo cierta resistencia por la falta de entendimiento cultural. “La medicina alternativa por ejemplo, era un concepto que no entendían los profesionales de salud, pero finalmente se pusieron en los zapatos del paciente”, dijo.
Su regreso a El Salvador marca una nueva etapa, pero a la vez revive viejas heridas. “Voy a continuar la labor que empecé y no pude culminar en mi país”, explicó Romagoza a El Tiempo Latino.
Hace 26 años, Romagoza fue obligado a dejar su tierra, después de haber sido perseguido y torturado por efectivos del orden, que lo acusaban de “guerrillero” por curar a los campesinos.
Lo colgaron por ocho días, le dispararon en el brazo y cortaron sus dedos para que “no vuelva a hacer cirugías”.
“Lo irónico de ésto es que ellos nunca pudieron matar mi misión. No pude asistir a los campesinos en mi país, pero lo vine a hacer aquí en Estados Unidos. Me encontré con mi gente y ahora regreso para seguir con mi pueblo”.
La clínica fue la terapia del doctor, quien al huir de El Salvador vivió dos años en México, donde radica su única hija, de 28 años.
En 2002, Romagoza revivió el horror de la tortura. Junto a otras dos víctimas llevaron a juicio a dos altos militares de El Salvador que se habían retirado en La Florida: José Guillermo García y Carlos Eugenio Vides Casanova.
Ambos fueron condenados a pagar millonarios reparos civiles, pero se dieron a la bancarrota.
En El Salvador, Romagoza planea continuar los servicios con l
os más necesitados y disfrutar de la compañía de su madre, María Romagoza de 85 años.
“Lo vamos a extrañar”, lamentó la paciente Paula Vásquez.
Líderes del Distrito y representantes comunitarios se unen a Vásquez. “Juan ha sido un motor de inspiración y motivación(...) Sé que a donde él vaya, seguirá sembrando semillas de optimismo y de fe por un futuro mejor”, dijo María Gómez, de Mary’s Center.
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