Opinion
Experiencia y clamor de un secuestrado Hemisferio
Por Dina Fernández
Dos horas después de haber aterrizado en Medellín el 19 de octubre de 1997, el activista guatemalteco Manfredo Marroquín, representante del capítulo local de Transparencia Internacional, cayó en manos del Ejército de Liberación Nacional, ELN.
Marroquín se encontraba en Colombia para las elecciones regionales, como observador de la Organización de Estados Americanos. Junto con un chileno, tenían la misión de visitar el municipio de San Carlos, en Antioquia, donde los candidatos a alcalde habían renunciado por amenazas de la guerrilla. Iban a medio camino cuando los emboscó la insurgencia. El auto quedó abandonado en la carretera y la pesadilla del secuestro comenzó para los dos observadores. “Pasamos doce noches caminando en la montaña”, recordó Marroquín en una entrevista telefónica. “Nos movíamos en la oscuridad y descansábamos de día”. Descansar es un decir, porque la angustia los dejaba dormir sólo por ratos. Al principio el chileno gritaba de la desesperación, hasta que le advirtieron que lo iban a callar a balazos. “Yo no quería ni abrir la boca, no tenía ninguna motivación para hablar”, dice Marroquín. “Cuando parábamos en la madrugada, solo pedía la botella de ron y me la empinaba en ayunas, para sedarme lo más posible”.
De esa experiencia, lo que más recuerda Marroquín son los rostros casi infantiles de algunos combatientes y sus dedos flacos, crispados de nervios, sobre las armas. La tensión se volvía casi insoportable cuando se activaban los radios y escuchaban las negociaciones del secuestro.
En ese entonces, el presidente Alvaro Uribe era gobernador de Antioquia y se opuso a la decisión del entonces gobierno de Ernesto Samper de negociar con el ELN.
“Una vez la cosa se puso mal y el comandante les gritó que si no cumplían, nos iban a ejecutar a la mañana siguiente”, cuenta Marroquín. “Yo para entonces estaba resignado. A mí que me pase lo que sea, que me maten rápido, pensé, pero lo que me atormentaba era mi familia, imaginarme el sufrimiento de ellos”.
Por fortuna, el gobierno colombiano accedió a las demandas del ELN y los dos activistas fueron puestos en libertad. Ahora, tras la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, Marroquín acaba de publicar una carta abierta clamando por todos los rehenes de Colombia. “Estar secuestrado es peor que caer preso, es como estar muerto en vida”, asegura. Para Marroquín, la discusión del reconocimiento a la beligerancia de los guerrilleros colombianos no debe mezclarse con el tema humanitario de la liberación de los secuestrados. “Esa polémica está de más, enreda el caso de los rehenes en un asunto que aquí no cabe. Sean terroristas o fuerzas insurgentes tienen prisioneros a civiles y eso es inaceptable”.
Ahora bien, respecto a la mediación del presidente venezolano Hugo Chávez, Marroquín la considera imprescindible. “El demostró que tiene el poder para lograr que liberen a los secuestrados”, asegura. “Si de verdad tiene corazón, que contribuya a humanizar el conflicto y abogue para que los suelten ya, a todos”.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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