SENTENCIA. La atleta Marion Jones a la salida del tribunal que la condenó a seis meses de cárcel por dopaje.
Archivo ETL
Floyd Landis, ciclista.
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Justin Gatlin, velocista.
AP
Roger Clemens, pelotero.
El dopaje es la principal amenaza del deporte mundial y las autoridades intentan contrarrestarlo
Por Miguel Guilarte
El Tiempo Latino
Diego Maradona maravilló al planeta con sus genialidades en la Copa del Mundo de Fútbol México-86 en la que llevó a Argentina al título. Ocho años después fue expulsado del Mundial de USA-94 por ser detectada en su orina la presencia del estimulante efedrina.
Ben Johnson ganó la final de los 100 metros planos de los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 por delante del legendario Carl Lewis, con una inédita marca de 9.79 segundos que pulverizó su propio récord de 9.83 segundos.
El mundo quedó sorprendido, era una gran hazaña que perduraría en la historia, un atleta que sería recordado, Johnson era un héroe. Pero pocos días después un análisis de orina demostró que el canadiense había consumido esteroides lo que le valió la descalificación por dopaje.
Floyd Landis, el ganador del último Tour de Francia, fue despojado del título por haber dado positivo a la testosterona, en una carrera que estuvo rodeada de escándalos a raíz de la Operación Puerto, que descubrió en España una red que sustentaba el dopaje y que lideraba el médico Eufemiano Fuentes.
El plusmarquista mundial de los 100 metros lisos, además de campeón olímpico y del mundo, Justin Gatlin, fue sancionado en 2007 a ocho años de suspensión por la Federación de Atletismo de Estados Unidos, después de dar positivo por testosterona, por segunda vez en su carrera.
“No puedo explicar estos resultados, porque nunca he utilizado intencionadamente sustancias prohibidas, ni autorizado a alguien a que me administrara esas sustancias”, declaró Gatlin quien fue beneficiado recientemente por una reducción de cuatro años en su suspensión.
Los beisbolistas Barry Bonds, Roger Clemens y el cubano Rafael Palmeiro, con méritos suficientes para ser incorporados en el futuro al Salón de la Fama del Béisbol, forman parte de la lista de 86 peloteros incluidos en el informe del ex senador George Mitchell, que investigó el uso de esteroides en las Grandes Ligas y que ha conmocionado al mundo del béisbol.
Y hace unos días, la también velocista Marion Jones, fue sentenciada a seis meses de cárcel por haber mentido a las autoridades sobre el consumo de esteroides, en la que fue la última humillación personal y profesional para la atleta estadounidense.
Marion llegó a ser la atleta femenina más reconocida y laureada en el mundo, especialmente en los Juegos Olímpicos de Sydney de 2000 cuando ganó tres medallas de oro y dos de bronce.
La ex campeona olímpica tuvo que devolver sus medallas, incluidas las de oro en los 100, 200 y relevo 4x400 metros, al igual que las de bronce en el salto de longitud y el relevo 4x100 y el Comité Olímpico Internacional (COI) también borró todos sus resultados de los libros de récord.
Jones, que admitió que había mentido a las autoridades sobre el consumo de esteroides y de participar en una estafa de cheques, fue presentada por el juez que la sentenció, Kenneth Karas, como el símbolo de lo que les espera a los deportistas que no cumplan con la ley en cuanto al asunto del dopaje.
Muchos atletas culpan a sus médicos y entrenadores pero eso no los exime de responsabilidades a la hora de enfrentar a la justicia por el uso de sustancias prohibidas, así inicien demandas y contra demandas como lo acaban de hacer Clemens y Gatlin.
Es que el dopaje se ha convertido en la principal amenaza del deporte mundial en la actualidad y sus estragos amenazan con propagarse si las autoridades deportivas y judiciales desmayan en la vigilancia y controles antidopaje en todas las competencias profesionales y aficionadas alrededor del mundo.
La lista de sancionados es mucho más larga e incluye además a tenistas, nadadores, maratonistas, basquetbolistas, alterofilistas y exponentes de las más diversas especialidades, que han encontrado en el dopaje una manera ilícita de hacerse más competitivos y cumplir con las crecientes exigencias de los patrocinantes y entrenadores para seguir batiendo los récords a nivel mundial.
Los últimos casos de dopaje han abierto un nuevo debate. La lista de compuestos prohibidos es interminable y afecta a medicamentos usados habitualmente por la mayoría de la población para tratar enfermedades leves. El dopaje está tan arraigado en el deporte actual, que es casi imposible extirparlo. Sólo la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), la INTERPOL y el Comité Olímpico Internacional tienen el poder para minimizar sus efectos y volver a ser de los deportes una actividad sana donde predominen las capacidades físicas por encima de las ayudas farmacológicas.
Algo que no le gustará a los fabricantes de esos medicamentos para mejorar el rendimiento deportivo, una industria millonaria que hace esfuerzos para encontrar la fórmula de que las sustancias prohibidas no sean detectadas por los controles.
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