Opinion
La presión de las primarias México-EE.UU.
Por Marcela Sánchez
Estados Unidos y México alcanzaron un hito histórico en su avance hacia la integración comercial. Como lo establecieron los negociadores del NAFTA hace 15 años, el 1 de enero de 2008 era la fecha límite para eliminar las últimas barreras comerciales entre las dos naciones, específicamente aquellas que protegían los productos más polémicos como el maíz y el azúcar.
Pero no se sienta culpable si no se enteró de este trascendental acontecimiento, especialmente si vive en Estados Unidos. Al mismo tiempo comenzaban las primarias presidenciales.
Pero la distracción no explica por qué la plena integración comercial no fue parte de muchas celebraciones de Año Nuevo. Si usted cree lo que afirman los precandidatos, los beneficios que ha visto Estados Unidos con su profundización de relaciones con el vecino del sur son escasos o nulos. De una parte, la idea de que el libre comercio le ha costado empleos a los estadounidenses la presentan las campañas prácticamente como una verdad absoluta. Demócratas como John Edwards le atribuyen a NAFTA la pérdida de más de un millón de puestos de trabajo. Incluso Hillary Clinton, cuyo esposo firmó el acuerdo asegurando que “aprovecharía la energía (de la globalización) en nuestro beneficio”, ahora promete una “pausa comercial” y la revisión de todos los acuerdos comerciales de Estados Unidos. Incluso algunos precandidatos republicanos no pueden resistir vincular la actual ansiedad económica con la expansión comercial.
De otra parte, a la inmigraciónparticularmente del sur la culpan de casi todo lo malo que está ocurriendo en este país. El aspirante republicano Mike Huckabee consiguió relacionar el asesinato de Benazir Bhutto en Pakistán con inquietudes sobre la seguridad en la frontera sur. La mayoría de precandidatos demócratas no se atreven a oponerse a la construcción de un muro que separe a Estados Unidos y México.
El tono se ha tornado tan anti mexicano que el presidente de México Felipe Calderón encargó el mes pasado a sus representantes diplomáticos en Estados Unidos “neutralizar esta estrategia de confrontación” .
Si bien la retórica de los precandidatos estadounidenses puede excusarse como exceso electoral, es un indicio de la escasa comodidad que encuentran los votantes estadounidenses en estrechar relaciones con su vecino del sur. O como lo puso Armand Peschard-Sverdrup, experto en relaciones méxico-estadounidenses del Center for Strategic and International Studies, la retórica de los precandidatos revela “más que nada cuánto trabajo falta por hacer para profundizar el conocimiento de la gente sobre los temas”.
Un ejemplo de ello está en Iowa, el primer estado en votar. Como el principal productor de maíz de Estados Unidos, el levantamiento de todas las restricciones a la exportación de maíz a México debiera ser ciertamente más una causa de celebración que de ansiedad. Aun así, fue en Debuque, Iowa, donde Edwards prometió la semana pasada “no más NAFTAs”.
También como el estado que ocupa el cuarto lugar por el porcentaje de población mayor de 65 años, el flujo de inmigrantes debiera ser visto con buenos ojos y no con temor. Pero es en Iowa donde los precandidatos republicanos han inundado los buzones de correo con imágenes de “banderas mexicanas ondeando encima de las barras y estrellas, (o) de la Estatua de la Libertad encima de un tapete que le da la bienvenida a los ilegales” . Y lo peor tal vez está todavía por verse. Analistas políticos predicen que el tono se tornará más hostil si la inmigración se convierte en el tema republicano de cabecera contra el candidato demócrata durante la campaña general. Mi esperanza es que los mexicanos no tomen en serio el lenguaje antagonista. Quien gane la presidencia en Estados Unidos deberá recapacitar y encontrar a un México dispuesto a hacer más que demandar la “enchilada completa”, la frase que simbolizó el deseo de estrechar las relaciones.