NUEVA VIDA. Esteban Fandi, después de alquilar por varios años decidió comprar una prefabricada por $60.000.
Psicólogos y economistas coinciden en que la decisión depende de la personalidad
El Tiempo Latino
Redacción
¿Comprar o… seguir rentando? Tal vez es es el principal dilema de estos tiempos. Frente a la tremenda crisis del mercado inmobiliario, hasta los psicólogos han sido convocados para desentrañar el conflicto. Y la respuesta ha sido contundente: todo depende de la personalidad de cada uno.
Curiosamente, expertos en áreas que parecen tan distintas como la economía y la psicología, coinciden: más allá de los vaivenes del mercado, las motivaciones de las personas son las que las llevan a actuar, porque sigue habiendo cuestiones culturales y hasta elementos del imaginario colectivo que pesan más que el precio de una casa o el valor de una renta.
“Es curioso, pero pocos han explorado esta problemática desde la psicología”, analiza Gloria Villaverde, terapeuta que vive en Silver Spring, en Maryland. Para Villaverde, simplemente hay personas que no se atreven a asumir el riesgo que implica ser dueño gastos, deudas, responsabilidades sobre la propiedad y prefieren la comodidad de un apartamento rentado con utilidades incluidas.
“Yo tenía un paciente que era dueño de un apartamento en Rockville (Maryland). Por supuesto llegó a la terapia por otros motivos, pero me contaba que cada vez que algo se rompía en la casa, desde un bombillo hasta el aire acondicionado, no podía contener su angustia”.
El hombre decidió vender, poner parte del dinero en un fondo de inversión y alquilar. La terapeuta agrega otro punto importante, el de la seguridad. “Muchas personas necesitan sentirse protegidas en sus hogares, sensación que es más difícil de sentir en una casa en medio del bosque”.
La dinámica de la compra y la renta, de todas formas, sigue moviéndose al ritmo de las edades, más allá de las crisis: los más jóvenes prefieren alquilar y las familias ya consolidadas buscan la casa propia. La razón, en la mentalidad hispana, no es sólo financiera sino también “generacional”: “los padres latinos tienen como prioridad en sus vidas ‘dejarle algo a sus hijos’, y una propiedad suele ser la mejor herencia material”, apunta Villaverde.
Este movimiento vinculado a las generaciones se sostiene en datos estadísticos. Según un análisis de Nicolas Retsinas, director del Joint Center for Housing Studies, de la Universidad de Harvard, en el país, el 80 por ciento de los jóvenes de veintipico que viven solos, rentan.
Cuando se constituye una familia, y por supuesto se unen dos salarios, aparece el verbo comprar. Y, según Retsinas, esto no ha cambiado en el contexto actual al punto que deje de ser un fenómeno. “Desde 1918, cuando el Departamento de Trabajo lanzó una campaña para promover la compra de viviendas, desde los días de Franklin Delano Roosevelt, hasta las iniciativas para ayudar a compradores de los gobiernos de Bill Clinton y George W. Bush, siempre en el país se promovió la compra”, remarca.
Producto de esta promoción incansable del “sueño americano” un sueño que es tanto del nativo como del inmigrante es que, hoy en día, el 69 por ciento de las familias sea dueña de una casa, “un porcentaje bien alto”, asegura Retsinas.
En el caso de los que estén rentando, y piensen en comprar, para Robert Shaller, economista de la Universidad de Yale, este es el momento de esperar. “Los precios de las propiedades que han alcanzado valores históricos tenderán a equilibrarse en el próximo año y medio”, explica.
Pero esta lógica no siempre responde a las aspiraciones de los hispanos. Esteban Fandi llegó en 2002 desde Costa Rica a casa de su tía en Alexandria, Virginia, para trabajar en el restaurante Guajillo de Arlington. Durante ocho meses no se tuvo que preocupar de buscar un hogar en donde vivir. Sin embargo, tras una temporada de adaptación un amigo y él mismo empezaron a buscar casa para alquilar.
“Fue muy difícil, porque ninguno tenía papeles, y en todas partes te pedían crédito, pero finalmente encontramos una casa en Woodbridge, Virginia, en donde alquilamos y pusimos dos meses de depósito”.
El año pasado, Fandi le dijo adiós a la renta y completó el proceso de compra de su propia vivienda. Así, optó por una casa prefabricada “por la que me pedían un precio que se ajustaba a mis posibilidades (60.000 dólares)”, explica.
Al principio le costó adaptarse a la idea de tener una casa desmontable, pero se sorprendió cuando comprobó que, en el interior, nada indicaba que se trataba de una prefabricada.
Por amor, por herencia, y también por inversión, el hispano, en algún momento, va a querer comprar, y si no lo hace se va a arrepentir toda su vida, concluye Villaverde. ¿Por qué? Pues porque es sinónimo de crecimiento y de estabilidad en este país.
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369