Opinion
Las FARC y la frustración colombiana Región Por Dina Fernández
Dicen que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, son expertas en inflar globos para luego reventarlos.
En esta ocasión, con la ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez, se las arreglaron para mantener en vilo a buena parte del sur del continente, en donde se esperaba con ilusión que la guerrilla colombiana entregara a tres secuestrados: la ex candidata vicepresidencial Clara Rojas, su pequeño hijo Emmanuel, nacido en cautiverio y la senadora Consuelo González.
La llamada Operación Emmanuel, que convocó a varios garantes internacionales de altos vuelos, entre ellos el cineasta Oliver Stone, acabó en chasco: las FARC dijeron que había operativos militares en Colombia y suspendieron la liberación de los rehenes.
Si la noticia genera frustración en el público, sólo hay que imaginar la crueldad que supone para los seres queridos de los secuestrados, quienes llegaron a confiar que la mediación de Chávez fuera exitosa.
Que las FARC resulten mentirosas no debe extrañarle a nadie: al fin y al cabo son una guerrilla que hace tiempo parece haber abandonado la causa revolucionaria por el lucrativo negocio de la droga.
Pero que en esta ocasión el engaño salpique al presidente Chávez debería cuando menos preocupar a Caracas, especialmente si se toma en cuenta que el prestigioso diario español El País acaba de denunciar la existencia de vínculos de colaboración entre las autoridades venezolanas y la guerrilla colombiana.
Según un reportaje firmado por el periodista John Carlin, el gobierno venezolano protege al menos cuatro campamentos fronterizos de las FARC, a los que les ofrece santuario.
Basado en el testimonio de cuatro desertores de la guerrilla, así como de varias fuentes diplomáticas y de los servicios de inteligencia, Carlin afirma que “la colaboración se extiende a la venta de armamento por las Fuerzas Armadas (de Venezuela) a las FARC, a proveer a miembros de la guerrilla con cédulas de identidad venezolanas, usando nombres falsos, y a los líderes de las FARC con pasaportes para que puedan viajar a Cuba y Europa; y a dejar que las FARC proporcionen entrenamiento militar a las Fuerzas Bolivarianas de Liberación”. (Las FBL son un grupo paramilitar surgido para proteger al país en contra de una posible invasión norteamericana).
De acuerdo con el reporte de Carlin, si el presidente Chávez les diera la orden de liberar a los rehenes, las FARC no podrían negarse.
En la carta que Ingrid Betancourt, la secuestrada más prominente de Colombia, le escribió recientemente a su madre como prueba de vida, insistía que el mandatario venezolano era la clave para terminar con su cautiverio.
Ahora que se frustró la Operación Emmanuel y que la mediación de Chávez en este asunto ha quedado eclipsada, cabe preguntarse si el presidente venezolano aún está interesado en intervenir por los secuestrados o si habrá calculado que no le conviene demostrar tanta ascendencia sobre la guerrilla colombiana.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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