Annie Leibovitz expone “la vida de una fotógrafa” en la galería Corcoran El amor y los símbolos de una artista
Cortesia L.A./Exhibición
EL DESCANSO DEL GUERRERO. Brad Pitt en Las Vegas y bajo la lente de Annie Leibovitz es parte de la muestra del Corcoran.
Por Laura Anduze
especial para El Tiempo Latino
“Yo no tengo dos vidas. Es una sola vida y las fotos sobre mi vida personal y mis trabajos profesionales son todas parte de ella”, escribe Annie Leibovitz en la introducción a su exhibición titulada “A Photographer’s Life” que se expone en la Galería Corcoran de Washington DC.
Annie Leibovitz es una de las fotógrafas más populares y prolíficas de nuestra época. A través de su lente esta artista ha capturado el espíritu de personajes famosos e inmortalizado a muchas celebridades. Y creado mitos.
Durante su trayectoria profesional, Leibovitz ha compuesto imágenes iconográficas representativas de la cultura popular norteamericana como la famosa foto de John Lennon abrazado a Yoko Ono (tomada unas horas antes de que éste fuese asesinado) o la imagen desnuda de una Demi Moore embarazada.
Desde el comienzo de su carrera en 1975, Leibovitz ha colaborado con las revistas Rolling Stone, Vogue y Vanity Fair y ha construido su fama componiendo una amplia colección de instantáneas, tipo “portrait”, de personas famosas en el mundo del cine, la música y la política, con un denominador común: su gran composición artística.
La exhibición de Washington, que cuenta con un total de 197 fotografías, presenta aspectos desconocidos de la artista. Por primera vez, su vida personal se devela ante el público.
Curiosamente casi todas las fotos personales en la exhibición son pequeñas y en blanco y negro.
En contraste, surgen las enormes y coloridas fotos de personalidades como Brad Pitt, Nicole Kidman, la Reina Isabel de Inglaterra y Nelson Mandela, entre otros.
Su vida gana, así, en profundidad y veracidad ante los ojos del espectador. Llaman la atención, las imágenes donde la fotógrafa captura a los miembros de su familia espontáneamente y sin ningún artificio, a diferencia de sus famosos retratos iconográficos que se caracterizan por su montaje y dirección artística. Fotos de sus padres y sus hermanos bailando, tomando la siesta, celebrando un cumpleaños, permiten que el público participe de su entorno familiar.
En este mismo entorno hay toda una colección de retratos que reflejan su amor por la reconocida escritora Susan Sontag, quien era su compañera sentimental. Imágenes de sus múltiples viajes alrededor del mundo presentan una parte muy íntima de su vida personal.
Las fotos de Susan Sontag celebran la pasión de ésta por la escritura y culminan con imágenes extremadamente personales de su batalla con el cáncer y de su muerte en 2004.
Dentro de este entorno también hay fotos de trabajos que Leibovitz llevó a cabo por su cuenta. En compañía de Sontag ella visitó lugares abatidos por conflictos de guerra civil como el Congo, Rwanda y Sarajevo.
Una de las fotos más impresionantes de esta muestra es una foto de las huellas ensangrentadas de mujeres y niños tratando de escapar de su muerte en un baño público.
Desde la distancia la imagen es muy linda, un color ocre de trasfondo contrasta pequeñas marcas de color carmesí. Desafortunadamente la belleza de la foto desvanece en el momento que el espectador lee el calce y reconoce el horror capturado en dicha imagen. Como ésta, la exhibición cuenta con múltiples imágenes donde la fotógrafa captura la atrocidad humana.
“No soy periodista. Los periodistas no toman lados y yo no quiero ir por la vida así. Creo que tengo una voz más poderosa como fotógrafa si expongo mis puntos de vista. Lo que traté de hacer durante la década de los noventa fue irme por mi cuenta, dos veces al año, sin asistentes y sólo con el equipo que pudiese cargar, a cubrir historias”, explica Leibovitz en el catálogo que acompaña la exhibición.
Recuenta también la fotógrafa como, en un momento dado, ella y Sontag iban de camino a fotografiar a Miss Sarajevo, cuando vieron a un niño que montaba una bicicleta caer al asfalto herido por una bala de un francotirador. Ambas lo auxiliaron y de camino al hospital el pequeño falleció en su automóvil.
Una de las fotos más líricas de esta exhibición es la del lugar donde recogieron al chiquillo. Es una foto enorme en blanco y negro donde aparece la bicicleta y una mancha enorme de sangre en el asfalto que parece un brochazo por su esteticismo no intencionado.
Pero esta muestra fotográfica nace del amor de la fotógrafa por su fallecida compañera. Al morir Sontag, Leibovitz decide hacer un pequeño libro de fotos para distribuir entre familiares y amigos. Recuenta la fotógrafa que la recopilación de fotos de sus seres queridos la ayudó en el proceso de luto por su padre y su compañera sentimental.
Y es de ahí, de donde nace la idea de exponerle al público ese lado personal que tanto resguardó honrando a sus seres queridos.
La exhibición cuenta también con un número de fotos paisajistas atípicas a la trayectoria artística de esta fotógrafa y está acompañado de un excelente libro publicado por Random House titulado: “Annie Leibovitz: A Photographer’s Life 1990-2005”.
La muestra se exhibe en la Galería Corcoran de Washington, DC, ubicada en el 500 de la calle 17, hasta el 13 de enero.
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