La Esquina
Clinton, Obama y el apoyo del votante latino
No es la raza, el color de la piel o la fácil diatriba blanco/negro. Los latinos, como individuos, padecen de las mismas miserias y actitudes racistas que otros grupos sociales de Estados Unidos. Pero la historia reciente nos dice que la manera en que el votante latino se comporta no está guiada por el prejuicio o los estereotipos raciales. La clave está en la relación que el candidato establece con el votante latino. Tal vez seamos un votante que necesita del acercamiento personal tal vez porque somos un voto de importancia reciente, todavía no desgastado y que necesita sentirse útil. Por eso Hillary Clinton aventaja a Barack Obama en ese espacio. Hillary fue primera dama de un gobierno que les habló de tú a los hispanos, que los elevó a puestos de prominencia política. Son ocho años en la Casa Blanca y siete en el Senado. Y antes son años de relación política personalizada. No todos han sabido hacerlo: el senador John F. Kerry lo hizo tan mal que le dejó en bandeja el voto latino al tejano Bush. Obama recién camina esta vereda. Un artículo de febrero de este año, publicado en Los Angeles Times y firmado por los profesores Matt Barreto y Ricardo Ramírez, deja claro que es incorrecto justificar el apoyo a Clinton con patrones de voto anti-negro (ni siquiera anti-Obama) por parte del electorado latino. La realidad es que Obama se ha convertido en una figura reconocida y reconocible para los latinos en esta campaña. Hace poco. Cuando llegaron las canciones en español de Obama, ya Clinton se había labrado un buen trozo de tierra política y mediática.
Lo racial. El argumento de que el apoyo a Clinton es consecuencia de la resistencia del votante latino a apoyar candidatos afroamericanos no aguanta el análisis de Barreto y Ramírez. Un buen puñado de alcaldes negros ha sido elegido en ciudades importantes con más del 70 por ciento del voto latino. No es la primera vez que políticos afroamericanos reconocen el cambio demográfico en sus distritos por el crecimiento de la población hispana, al tiempo que aseguran que ese votante se queda con ellos. Incluso Obama ha ganado el voto latino: en 2000 cuando se presentó para el distrito congresional 1 de Illinois ganó más votos latinos que afroamericanos. Y en 2004 cuando se presentó a la nominación demócrata para el Senado, Obama recibió más votos latinos que el candidato Gerry Chico, un hispano. El supermartes le dio a Clinton 67 por ciento del voto latino en California frente al 32 por ciento de Obama. Pero las cifras de éste fueron importantes en Connecticut (35 por ciento), Illinois (42 por ciento) y Arizona (42 por ciento). Además, según una encuesta de la Loyola Marymount University, el 93 por ciento de los latinos opina que el país está listo para elegir a un presidente negro. El reto de Obama no es su color, sino aprender a ganar ese voto. Y no todo son canciones en español.
Alberto Avendaño
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