AUTOGOL. EL defensa del Liverpool Riise (der.) permanece sobre el terreno de juego luego de marcar en propia meta el gol que, a punto de terminar el partido, daba el empate al Chelsea en el estadio Anfield, el martes 22.
Un autogol del defensa Riise pone el 1-1 en el último segundo entre los “Blues” y el Liverpool
Por Patricia Rodríguez
EFE
Liverpool, Reino UnidoUna negligencia varió lo que parecía que iba a ser otro alarde de grandeza europea del equipo de Rafa Benítez. Al Liverpool no le bastó, el martes 22, la contundencia que esgrime en el continente ante un Chelsea demasiado rígido al que la fortuna, en forma de gol en propia meta, salvó de estrellarse, una vez más, con la fortaleza de Anfield.El fútbol poco vistoso de la escuadra de Londres y el entusiasmo mostrado por los “Reds” hicieron olvidar, momentáneamente las diatribas que mantienen en vilo a los dueños de este emblemático club, los estadounidenses Tom Hicks y George Gillett.
El fuerte blindado en el que se ha convertido este estadio no fue el escollo imposible para el Chelsea, que evitaba estrellarse por tercera vez contra los “Reds”. Los “Blues” rompieron el maleficio ayudados involuntariamente por su anfitrión.
Ambos comenzaron con cierta torpeza. Toque de balón, juego táctico y pocos riesgos. Fue, básicamente, un primer acto carente de la vistosidad que se vio en los cuartos de final. Está claro que el juego del Chelsea poco se parece al despliegue de sofisticación del Arsenal. En el primer tiempo, ninguna formación ocasionó momentos de verdadera amenaza, con abundancia de jugadas trastabilladas y sin precisión de planteamientos.
Los “Blues” gozaron de un lanzamiento de falta en el segundo minuto de encuentro que asumió sin demasiada contundencia el marfileño Didier Drogba, sin encontrar rematador. Para los “Reds”, la primera ocasión clara llegó a los doce minutos, protagonizada por el holandés Dirk Kuyt, especialmente inspirado.
Mientras, la banda sonora de Anfield, corría a cargo de la marea roja que, a golpe de pulmón, hacía ruido al grito de “Rafa, Rafa, Rafa Benítez, Rafa, Rafa” y otro sinfín de variadas tonadas. .
Pero en Anfield se dirimía su futuro en Europa. Y a pocos instantes del paso por vestuarios, los de Benítez imprimían su huella. Fue un Kuyt totalmente entregado quien, tras rematar un centro del argentino Javier Mascherano, inclinó el marcador.
El gol dio ventaja numérica y psicológica a la formación local. Con las gradas bramando, los “Reds” imprimieron un mayor empuje a su juego.
El Liverpool pisaba el terreno al equipo de Grant. Parecía que al once local le funcionaba todo y se convertía en una molestia continua para los zagueros londinenses, fabricando ocasiones con un tiro a puerta de Ryan Babel, que se desvió ligeramente; y apretando a los defensas, con una acción amenazadora del español Fernando “El Niño” Torres en el arranque del segundo tiempo.
Benítez se vio forzado a introducir el primer cambio de la noche ante una lesión del brasileño Fabio Aurelio, que tuvo que ser llevado en camilla, ante los vítores de los hinchas, y ser reemplazado por el noruego John Arne-Riise.
El Chelsea trató de volver al partido y generaba ocasiones para igualar, con amagos de Ballack y del francés Malouda que no superaron al portero español del Liverpool, Pepe Reina; a los que replicaba el Liverpool, con otro momento de lujo de Gerrard que frenó Cech, a cinco minutos del final, y un amago de Torres que quedó en nada.
Pero la diosa fortuna, el 22, se burló del Liverpool. Un gol en propia meta del defensa noruego John Arne Riise dio al Chelsea el empate y una ventaja inmerecida ante el duelo de la próxima semana en Stamford Bridge.
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