Fin de hegemonía colorada con el triunfo de ex obispo
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VENCEDOR. Fernando Lugo, der., el presidente electo el domingo 20, renunció a su cargo de obispo en 2006 para lanzarse a la política.
Fernando Lugo ganó las elecciones presidenciales con una propuesta de cambio radical
El Tiempo Latino/AP
Asunción El ex obispo católico Fernando Lugo, postulante de una coalición opositora, logró un triunfo histórico el domingo 20 en las elecciones presidenciales, que pone fin a seis décadas de régimen unipartidista del Partido Colorado, desatando una fiesta popular en la capital.
El Tribunal Superior Electoral informó que Lugo, de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), ganó con el 40,82% de los votos contra 30,72% de su rival oficialista Blanca Ovelar, escrutado el 92% de las mesas, de un total de 14 mil. El ex general Lino César Oviedo, del partido Unión Nacional de Ciudadanos Eticos (Unace), quedó tercero con 21,98%. La elección es en una sola vuelta, que consagra al candidato con más votos.
El presidente saliente Nicanor Duarte en conferencia de prensa admitió: “hoy tuvimos un revés electoral. Felicito a la oposición”. Y prometió colaborar con el nuevo gobierno.
Con su histórico triunfo, Lugo termina con la hegemonía de 61 años de los “colorados” en el poder, que además fueron el sostén político de la dictadura de tres décadas de Alfredo Stroessner. Esta fuerza ganó todas las elecciones tras su caída en 1989.
“Todos los paraguayos hoy tenemos que felicitarnos; dimos un paso de madurez para la construcción y consolidación de la democracia”, dijo el ex obispo, de 56 años, en un hotel céntrico.
Lugo, que en 2006 renunció a su cargo de obispo para lanzarse a la política, explicó que en su campaña “la palabra casi mágica que escuchábamos en cada reunión era ‘cambio’ y que ‘el país no puede aguantar más’”.
El candidato, que lidera una heterogénea coalición integrada por el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el principal de la oposición, ex colorados y 20 organizaciones sociales y de campesinos, capitalizó el descontento de muchos compatriotas que buscaban un cambio en una nación con altos índices de pobreza.
El ex obispo señaló apenas conocer su victoria que su intención es “que Paraguay no sea recordado por su corrupción y su pobreza, sino por su honestidad, eficiencia y para que nunca más la clase política se base en el clientelismo (cambio de cargos públicos por apoyo al gobierno) y el prebendismo que tanto daño ha hecho al país”.
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