Jóvenes y pandillas: únete o aíslate Sociedad Por Mark Edberg
Hace poco hablaba con jóvenes latinos que andaban en pandillas. Me contaron cómo se hicieron miembros de algunas “clicas” o subgrupos pandilleros.
Hay varias maneras: una es que te acepten tras recibir una paliza durante 13 segundos a manos de un grupo de pandilleros. Pero si tienes un familiar en la pandilla, tal vez puedas escapar a ese requisito.
Uno de los jóvenes explicó que en su “clica” uno se podia “Bautizar” ejecutando un hecho que demostrase que estabas dispuesto a arriesgar la vida por la “ganga”.
Una vez aceptado, sigue un proceso de entrenamiento para aprender los símbolos, los insultos contra los enemigos y la manera en que hay que “representar” a la pandilla en la calle.
Para estos jóvenes se trataba de “meterse”, de formar parte de algo. Antes de convertirse en miembros activos de la mara, eran simples “outsiders”, algunos sin un lugar al que llamar hogar. Meterse en la pandilla era tan importante que alguno de estos jóvenes estaban dispuestos a herir o incluso matar a alguien, sobre todo si ese alguien es una amenaza para su grupo.
Así es como a los 14, 15 ó 16 años, estos jóvenes se encuentran en una situación en la que pueden llegar a perder la vida o a acabar con la vida de otro. Porque eso es parte de lo que siginifica ser un miembro, de estar dentro.
¿Cómo es posible que una cosa así merezca la pena para estos adolescentes?
Quienes trabajamos en el proyecto SAFER Latino vemos alguna de las rezones por las que alguno de estos jóvenes piensan que esto merece la pena.
SAFER Latino es un programa de prevención de la violencia juvenil que trata la violencia como un problema comunitario. No solo como algo que puede ser solucionado exclusivamente en las escuelas, ni siquiera solamente en el hogar. El programa existe desde febrero de 2007 en Langley Park, Maryland. Aquí, como en otras comunidades parecidas, vemos una comunidad de trabajadores y trabajadoras mayoritariamente inmigrantes. Nunca he conocido a nadie de esa comunidad que me dijera que vinieron a Estados Unidos porque pensaron que iba a ser fácil.
Las dificultades y la política que rodean al tema migratorio hacen que Langley Park sea una comunidad aislada. Los padres trabajan duro en dos o tres empleos y no cuentan con recursos para poder ayudar en el desempeño escolar de los hijos. Éstos, con demasiada frecuencia, acuden a unas escuelas donde encuentran barreras lingüísticas, un ambiente académico que no les es familiar y donde tampoco hay muchos recursos para ayudarles. La deserción escolar es alta al igual que el número de jóvenes que ni siquiera asisten a la escuela.
En la comunidad existe el temor común a hacerse demasiado visible, pocos se atreven a pedir ayuda o a tomar alguna iniciativa. Y tan sólo estamos al comienzo de una mínima respuesta política que pueda abogar en su favor.
En este contexto, los jóvenes se encuentran prácticamente sin apoyo: sin grupos sociales a los que recurrir o en los que ampararse. Y sin embargo, para estos jóvenes, asociarse con un grupo social es un elemento crítico para establecer su propia identidad. El grupo es el papel en el cual escribes tu historia. Sin él, ¿cómo sabes quién eres?
La solución: entrar en la pandilla. Al fin, un grupo. Al fin, una estructura, un sentido para saber cómo llegar a ser alguien. Y si las reglas para poder llegar a ser alguien piden violencia, así será. Entonces tal vez parezca que merece la pena.
Por eso, al tiempo que se ejecutan medidas disciplinarias y represivas, es importante preguntarnos sin cesar: ¿Cómo es posible que una cosa así merezca la pena para estos jóvenes?
Si se sienten aislados, los jóvenes latinos o no buscarán asociarse con algún grupo. Para prevenir que la asociación sea la pandilla, lo menos que podemos hacer es tratar de romper con ese aislamiento.
Démosles a los jóvenes opciones reales y tal vez las acepten.
Mark es el investigador principal de SAFER Latinos y profesor de la George Washington University School of Public Health.
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