Opinion
La guerra del narco ruge en Guatemala Centroamérica Por Dina Fernández
La zozobra todavía reina en los alrededores de Río Hondo, en el oriente de Guatemala.
Esta región, conocida por sus pastos ganaderos, jaripeos de toros bravos y legiones de vaqueros ataviados con sombrero de ala ancha, pistola al cinto y botas de punta de plata, ahora se ha convertido en el escenario de una sangrienta disputa entre narcotraficantes.
Hace un par de semanas, el 25 de marzo, el capo Juancho León, fue asesinado junto a diez de sus hombres.
Un grupo de sicarios los emboscó en un balneario, donde arremetieron contra ellos utilizando un arsenal que incluyó ametralladoras, fusiles de asalto y hasta un bastón chino.
Tras el ataque, seis de los sicarios fueron capturados por la Policía. Entre ellos hay tres mexicanos, a quienes se acusa ya sea de pertenecer a “los Zetas”, el brazo armado del Cartel del Golfo, o a los matones al servicio del Cartel de Sinaloa, encabezado por Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Para el analista político y militar Edgar Gutiérrez, la matanza de Río Hondo revela al importancia que Guatemala ha cobrado para el narcotráfico internacional en los últimos quince años, durante los cuales el país se ha consolidado como una de las principales rutas de droga hacia los Estados Unidos.
“Sin ver hacia México no se acaba de entender el vuelco que está dando el cuadro del narcotráfico en Guatemala”, afirma Gutiérrez, quien fungió como Canciller durante el gobierno del Frente Republicano Guatemalteco.
La ofensiva contra el narco emprendida por el presidente Vicente Fox y seguida por su sucesor, Felipe Calderón, ha movilizado a más de 25 mil efectivos militares quienes han logrado ejercer presionar sobre los carteles del Golfo y Sinaloa, además de alterar las rutas tradicionales de trasiego de la droga, por el norte de Guatemala.
Según Gutiérrez, en esta coyuntura habría emergido la figura de Juancho León, quien se disputaba el control de rutas alternas predominantemente a lo largo de la costa del Pacífico y a través de un corredor que surcaría el altiplano occidental de Guatemala, con los carteles tradicionales, predominantemente el de la familia Lorenzana, asociada al cartel de Sinaloa y el de la familia Mendoza, asociada al del Golfo.
Fuentes relacionadas a las mafias también han señalado que la matanza de Juancho León y sus hombres podría estar vinculada a los cambios en el poder político guatemalteco y los tentáculos que vinculan a éste con el crimen organizado.
Aparte del éxito obtenido en la lucha por abrir nuevas rutas, estas fuentes aseguran que León presumía de tener más y mejores relaciones con el liderazgo político del país, mientras los capos tradicionales estarían debilitados porque aunque nunca se les ha perseguido con fuerza, ahora ya todo el mundo sabe quiénes son.
El surgimiento de Juancho León y otros lugartenientes ambiciosos, dispuestos a destronar a los jefes establecidos de las familias Mendoza y Lorenzana, sería entonces el nuevo frente de la guerra del narco al sur de la frontera mexicana.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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