Opinion
El legado de un padre Vida
Por Rubén Navarrette
Quiero tomar una cámara de video y conducir un par de entrevistas de una hora de duración con mi padre, de 66 años, y mi madre, de 65, sobre su niñez, sus familias, sus carreras y desafíos, y el consejo que ellos impartirían sobre cómo vivir una vida positiva y fructífera. He tenido esas conversaciones con mis padres durante por lo menos 10 años desde que llegué a esa etapa en la vida en que, como expresa el dicho, nuestros padres de pronto parecen mucho más listos de lo que eran cuando éramos jóvenes.
Pero nunca he grabado esas conversaciones y, ahora, eso es lo que deseo hacer. Después, algún día, quiero entregar el DVD a mis hijos para que puedan conocer mejor a sus abuelos.
El impulso para continuar dicha tarea proviene de la emotiva historia de Randy Pausch, un profesor de Informática en la Carnegie Mellon University, en Pittsburg. El otoño pasado, este hombre de 47 años, casado y padre de tres hijos, se volvió internacionalmente conocido por Internet, por dar una “última lección”. El video es un intento valiente y brillantemente ejecutado, para destilar, en una charla de 70 minutos, todos los consejos que quería dar a sus hijos y todas las lecciones de la vida que quería compartir con ellos, para hacer lo cual, probablemente, no viviría suficiente tiempo.
Pausch tiene un cáncer de páncreas, una enfermedad implacable, que mata a alrededor del 95 por ciento de sus víctimas, generalmente a los pocos meses de ser detectada. Pero éste fue el giro inesperado: lo que Pausch pensó que sería un intento “para meterme en una botella, que un día aparecería flotando en la playa para mis hijos” terminó siendo visto por millones de personas y traducido a siete idiomas. “Ignoren lo que dice la gente, y concéntrense en lo que ésta hace; no los sermoneen sobre lo que deben hacer, cuénteles historias y ellos comprenderán el resto; los muros de ladrillos existen por una razón... para que podamos demostrar con qué ansias queremos algo; no podemos cambiar las cartas que se nos da, sólo cómo jugar esa mano”.La forma en que Pausch jugó la triste mano que le tocó, llegó al corazón de innumerables personas, que obtuvieron fuerza y valor de sus palabras.
Ahora hay un libro. Hyperion compró los derechos a la historia por más de 6 millones de dólares y publicará “The Last Lesson” (La Última Lección), escrita por Pausch junto con el columnista Jeff Zaslow del Wall Street Journal.
Pausch fue hace poco tema de una segmento del programa “Primetime”, de ABC News. En un momento durante el programa, su esposa, Jai, insistió en que la lucha de su familia no es, en absoluto, única. Observó que otras personas pasan por acontecimientos horribles las terribles manos que les han tocado y que, de alguna manera, se las arreglan para levantarse por la mañana.
Disiento respetuosamente. Los Pausch quizás sean gente común, pero la forma que han escogido para responder a su situación es totalmente extraordinaria. Otros podrían amargarse o estar listos para rendirse.
Uno de sus legados es que probablemente ha provocado millones de conversaciones entre seres queridos quienes, por algún motivo, nunca las habían tenido. Su historia nos recuerda que, incluso para los que no están condenados a morir por una enfermedad, el tiempo pasa volando y eso es esencial para recoger la sabiduría de nuestros padres y pasársela a nuestros hijos, con la esperanza de que éstos se la pasen a los suyos.
Randy Pausch ha entretejido redes firmes. Y, sobre muchos del resto de nosotros, ha tenido un impacto positivo.
Ahora, si me perdonan, tengo que hacer algunas entrevistas.