ESPERANZA. María Pérez en la puerta de su casa de Fairfax, VA, muestra el dúplex que sus vecinos le están ayudando a reconstruir.
En Fairfax, deciden ayudar a reconstruir su casa a una mujer de 67 años después de que sus contratistas la estafaron
Por Tom Jackman
The Washington Post
Todo comenzó cuando María Pérez contrató a un constructor sin licencia para que ampliara su dúplex en el condado de Fairfax. El contratista le pidió $27.000, y abandonó la obra. Al poco tiempo fue arrestado.
Pérez contrató a otro sin licencia y le pidió más de $72.000. Hizo apenas algunas cosas y desapareció. También fue arrestado.
Pero la verdadera historia se escribió cuando los vecinos de Perez se solidarizaron con esta mujer de 67 años y la ayudaron reconstruir su casa. Mientras tanto, un persistente detective logró que Pérez recuperar una buena parte del dinero que ella entregó cándidamente a los supuestos constructores.
El calvario se inició hace más de dos años en la casa de Pérez en Maple Street, en el vecindario de Ardmore, al sur de la Oficina de la Corte del condado de Fairfax, un sector conformado por townhouses construidas a mediados de los ‘50. Pérez había decidido ampliar su residencia para alojar mejor a su hermana, a su hija, a su yerno y a cuatro nietos que viven con ella. Esta mujer tiene dos trabajos de limpieza, uno diurno y otro nocturno, con los cuales ayuda a mantener a su extensa familia.
En abril de 2005, Pérez contrató a su vecino Jesús Reyes Gutiérrez, para que construyera tres dormitorios adicionales por un costo de $90.000. Reyes Gutiérrez hizo algunos trabajos menores en el sitio y desapareció, dijo el detective Edward Vaughan de la Ciudad de Fairfax.
Vaughan arrestó a Reyes Gutiérrez en el verano de 2006, y éste acordó devolver $17.000 de los $27.000 que recibió de Pérez, alegando que él había gastado $10.000 en materiales de construcción.
En enero de 2007 y por recomendación de un pariente, Pérez contrató a Edgar Mejía, que se presentaba como “maestro de construcción” en su tarjeta profesional. Acordó hacer la ampliación en 2 meses y medio por $120.000. Después de 4 meses había construido una mala estructura, a juicio de los expertos, y la obra no avanzaba.
Una mañana, mientras esperaba el bus escolar con sus nietos, Pérez rompió en llanto. Christine Wenberg, quien también estaba en la parada con sus hijos, se ofreció a escucharla. Pérez le contó sobre sus frustaciones, y Wenberg sugirió que su esposo podría ayudarle.
“No se requiere de mucho para que ella te conmueva. Tiene 67 años, es una madre que todavía cuida de su familia. Crecí como un cristiano, y me inculcaron la idea de ayudar a los demás”, dijo Weinberg.
Con un ademán de su cabeza, Pérez expresa lo agradecida que se siente con el vecino que no conocía. “Es una persona maravillosa”, dice. “Hasta ahora ha trabajado conmigo hombro a hombro. Hace de todo”.
Wenberg se responsabilizó de los trabajos de ampliación, hizo los planos, obtuvo nuevos permisos y consiguió más ayuda para concluir la obra. Otros vecinos, como el contratista Charles Richardson y el plomero Joshua Collins, también ofrecieron su experiencia.
Pérez dijo que sus vecinos le han comentado que esperan terminar todo para el próximo mes. “Permanecen aquí durante muchas horas, hasta las 10 de la noche,” dijo. “Son unos ángeles.”
Traducción: Gloria Spencer
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