La Esquina
Lo negro, lo latino y la tensión
Los latinos también somos racistas. Lo afro, en las diferentes comunidades latinas del hemisferio (Estados Unidos incluído), ha sufrido una historia de discriminación, de estereotipo, de opresión. Y de negación. El problema (y la belleza) es que los latinos también somos negros. “Pero no como los morenos de aquí”, me recordaba recientemente un latino de Washington DC que aseguraba no ser racista. Pocos meses atrás, un taxista cubano en Miami me insistía en que uno no se puede fiar de los negros. Le recordé que su adorada Celia Cruz era negra. Me miró con ojos incrédulos y cambió de tema: me dijo que él había nacido en el mismo barrio que la guarachera de Cuba. Hace unos tres años, un dominicano me enseñó su pasaporte: el documento no pone raza, sino color. “Fíjate”, señaló. Y vi que ponía “indio”. “¡Pero yo soy negro!”, exclamó con indignación. Claro, lo negro es ofensivo. Y, además, los negros son siempre “los otros”. Los haitianos, por ejemplo. O “los morenos” de EE.UU.
La tension. La realidad es que ciertos valores enfermizos y prejuiciosos de algunos latinos sobre lo afro se infiltran en el tejido social de un país que ha vivido una histórica tensión racial marcada por la esclavitud. Pero hace pocas décadas, el mismo país protagonizó una revolución social en la que se cambiaron leyes para evitar que el ser humano blanco fuera un lobo para el otro ser humano. Ahora parece que lo latino y lo afro son la nueva gran tensión.
Lo negro. La tensión se enmarca en el contexto del crimen. Es una realidad: demasiados criminales afroamericanos están atacando a inmigrantes latinos. El objetivo es el robo: saben que estos trabajadores viven del “cash”. Muchos de esos ataques terminan en asesinato. La última tragedia ocurrió en Hyattsville, Maryland: dos inmigrantes salvadoreños murieron víctimas de los disparos durante un asalto la noche del 26 de marzo. En Gaithersburg, también en Maryland, la ola de ataques a trabajadores latinos ya preocupa al fiscal del estado, John McCarthy, quien se ha estado reuniendo con representantes del activismo comunitario latino para escuchar preocupaciones y calmar los ánimos. El error: ya se comienzan a escuchar voces latinas que igualan al afroamericano con lo criminal. Pero quien ataca, el autor de los robos y de los asesinatos, no es un color de piel o un origen étnico, sino un ser humano con valores equivocados que la justicia debe castigar. Si, como latinos, optamos por estereotipar nosotros también y por juzgar a la comunidad afro de este país, ¿con qué derecho podemos levantar la voz cuando nos criminalizan, nos insultan, nos agreden? El racismo y el odio como el crimen no tienen color. Ayudemos a erradicarlos desde la solidaridad.
Alberto Avendaño
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