RIESGO. Monica Cho y su hijo Andrew tienen que caminar por la calle en Falls Chapel Way, en Montgomery.
Más allá de las disputas, los funcionarios de Montgomery, lanzan un plan de construcción de senderos para peatones
Por Steve Hendrix
The washington post
“No frente a mi casa”. Ese es el viejo grito que los funcionarios del condado de Montgomery ya están acostumbrados a escuchar mientras construyen aceras al lado de algunas calles suburbanas.
Motivado por reforzar la seguridad peatonal y por ofrecer un espacio para que los residentes caminen, el condado de Montgomery gasta más de $1 millón por año construyendo o reparando aceras al lado de las calles de algunos sectores construidos después de la segunda guerra mundial. El proyecto goza de gran aceptación. Cerca de 150 solicitudes de residentes esperan ser incluidas en la lista.
Pero también ha causado divisiones entre los residentes. “Me mudé aquí porque no había aceras, me encanta la atmósfera suburbana”, dijo August Spector, 65, quien reside desde hace 25 años en la Fox Hills West de Potomac, donde el condado recién aprobó una extensión de 3.200 pies de acera que “afeitará” yardas y yardas, incluidas las de la casa de Spector. “La gente que se mudó a este vecindario sabía muy bien lo que estaba adquiriendo”.
El ejecutivo del condado Isiah Leggett enfatizó que las nuevas aceras son parte de una iniciativa de seguridad para el peatón anunciada en diciembre, y está exigiendo una encuesta sobre las condiciones de las aceras en los sectores próximos al Distrito, además de dinero adicional para construcciones nuevas.
Esto garantiza futuras disputas como la que sucedió recientemente en la Avenida Maryknoll de Bethesda y la Carriage Road Drive de Kensington.
“Muchos propietarios lo toman como algo personal,” dijo Richard Earp, gerente del programa de aceras de Montgomery. “Al mismo tiempo que reconocen que el condado tiene el derecho a construir aceras, no olvidan que ellos han cortado ese césped durante 20 o 30 años, y que ahora habrá personas caminando en lo que siempre consideraron su jardín”.
En la comunidad de Quince Orchard Knolls en el norte de Potomac, los que se oponen a las aceras propuestas recientemente han expresado un cúmulo de objeciones. Entre ellas la pérdida de árboles. Pero lo irónico de todo esto es que por ley deberán palear la nieve de las aceras que ellos nunca quisieron. La primera reunión de vecinos acerca del tema fue tan beligerante que hubo necesidad de traer mediadores profesionales para la siguiente.
“Este vecindario no fue planeado para aceras”, dijo Joe McHugh, quien reside en el barrio desde hace 22 años. “Tengo dudas acerca de todo este proceso”.
Las discusiones son una herencia del boom que experimentó la construcción después de la segunda guerra mundial, durante el cual los constructores suburbanos descartaron el patrón rectangular de la ciudad a favor de senderos sinuosos y calles sin salida. La idea de trazar o bordear esta filigrana compleja con aceras es relativamente reciente, dijo Dick Tustian, director de planeamiento de Montgomery desde 1969 hasta 1990.
“Fue todo un hito de aquella época, parte de nuestro romance con el automóvil”, comentó Tustian. “Las aceras no se consideraban necesarias. Ahora hay una nueva propuesta que ha tomado fuerza en los últimos cinco años: devolver la calle a los peatones”.
Legalmente, dijo Earp, el condado no necesita permiso de los residentes para instalar una acera dentro de los 17 pies aledaños a la calzada de las calles residenciales primarias, pero escucha opiniones de los residentes.
En Fox Hills West, la aprobación del proyecto de las aceras ha generado una eruptiva batalla entre vecinos. El conflicto ha incluido un duelo de opiniones legales, acusaciones sobre encuestas manipuladas, la confiscación de una circular y alegatos sobre irregularidades electorales dentro del grupo local de ciudadanos.
Los opositores alegan que no se han reportado accidentes peatonales y, en consecuencia, no justifican la eliminación de gramíneas, la extracción de perales y el cambio general de la atractiva atmósfera del vecindario.
En el lado opuesto de la disputa está Kenneth Cho, un radiólogo residente en el barrio desde hace cinco años, quien dijo que las condiciones peatonales son inciertas. Su hijo menor camina en la calle hacia la escuela que no ofrece servicio de bus, acompañado de su esposa, quien legalmente está considerada ciega. Cho fue el primero que solicitó al condado la construcción de aceras en 2003.
Hay tensión entre los vecinos. Hace algunas semanas el condado envió cartas a los residentes para informarles que la construcción de la acera se iniciará el lunes 7 de abril.
Pero quizá existe esperanza de paz a largo plazo. Robin Rosenblum, un defensor de las aceras, que participó de las disputas de la Avenida Maryknoll, dijo que, en aquella ocasión, las heridas eventualmente sanaron y el sendero se convirtió en lugar de reunión de los vecinos.
Traducción: Gloria Spencer
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