Opinion
Remesas y poder inmigrante Inmigración
Por Marcela Sánchez
Una vez al mes, el inmigrante promedio en los Estados Unidos ingresa a una agencia de envío de dinero o remesadora y envía aproximadamente $250 dólares al exterior. Minutos más tarde, en alguna parte del mundo, un pariente o amigo puede ingresar a una agencia similar y recibir el dinero descontando la tarifa y otros gastos de envío. Esta actividad económica transnacional alcanzó un total de $274 mil millones de dólares el año pasado, un salvavidas para millones de personas en algunos de los rincones más pobres del planeta.
Por años, organizaciones de inmigrantes, gobiernos e instituciones financieras internacionales han dedicado recursos y energía a descubrir cómo sacar mejor provecho a esos fondos para ayudar a mejorar las condiciones económicas que motivan la migración. Prácticamente ausentes en este esfuerzo han sido los intermediarios de esas transacciones: las remesadoras.
La semana pasada, Western Union, la remesadora más grande con más del 17 por ciento del mercado mundial, anunció una iniciativa filantrópica de cinco años y $50 millones de dólares para ayudar a las familias de inmigrantes. La compañía, con sede en Colorado, dijo que ofrecerá becas educativas y transferencias gratuitas de fondos para ayuda a damnificados, además de reclutar a algunos de sus 312.000 agentes y representantes repartidos por el mundo como mentores financieros para negocios e individuos.
Esta iniciativa se une a las contribuciones de Western Union a proyectos de desarrollo económico en México, el más grande receptor de remesas en el mundo ($23 mil millones el año pasado). Las nuevas contribuciones apoyarán programas como el de “Tres por Uno” que le agrega a cada dólar invertido en México por asociaciones de inmigrantes en Estados Unidos en proyectos como pavimentar calles o abrir fábricas, un dólar cada uno de los gobiernos federal, estatal y local de México. Una federación de dichos clubes o asociaciones en el Sur de California recibió $120,000 dólares el año pasado de Western Union para ayudar a financiar esos proyectos en México.
Algunos grupos de inmigrantes, sin embargo, no están muy convencidos con el altruismo de Western Union. La semana pasada el Transnational Institute for Grassroots Research and Action (TIGRA), que asegura representar más de 150 organizaciones de inmigrantes en Estados Unidos, llamó a un boicot de Western Union afirmando que su nueva campaña es un “truco de mercadeo” que hará muy poco para beneficiar a los inmigrantes acá o a sus familiares en el exterior.
A TIGRA le preocupa particularmente que las iniciativas como las de Western Union no toman en cuenta a los inmigrantes al decidir cómo gastar el dinero. En cambio TIGRA preferiría que Western Union y otras remesadoras donen dinero directamente a un fondo que TIGRA administraría.
Aunque ello pueda despertar sospechas, TIGRA tiene razón de ser escéptico. Las remesadoras se han beneficiado por años de los pobres y TIGRA asegura que, incluso con su nueva iniciativa, la actividad filantrópica de Western Union representará menos de 50 centavos por cada $100 dólares de ganancias. (El vocero de Western Union, Dan Díaz, cuestionó esas cifras y citó a The Consulting Network, que ubica a Western Union apenas por debajo del promedio en donaciones de corporaciones estadounidenses).
Las remesadoras no pueden ser acusadas por la pobreza de sus clientes. Como dijo Manuel Orozco, experto en remesas de Diálogo Interamericano, hay que darle crédito a Western Union por conectar “ a los más pobres del mundo a la economía global”.
En el pasado, gobiernos y organizaciones como TIGRA han presionado con éxito a las remesadoras para que reduzcan sus tarifas y se hagan más altruistas. Hace diez años costaba un promedio de $30 dólares enviar $300 dólares a México; ahora cuesta $10.
Tal como lo dijo Francis Calpotura, director ejecutivo de TIGRA, las remesas son “una de las muy pocas herramientas” que tienen los inmigrantes para mostrar su poder.
Eso es especialmente cierto en el actual ambiente político, en el que los inmigrantes no han podido influir con éxito en el debate sobre inmigración en Washington. Bueno sería que TIGRA y Western Union encontraran la forma de verse a sí mismos como aliados en esa lucha.