LOGROS. Los indígenas Ubaldo Sánchez (izq.), Sabina Ramírez (centro) y Luis Pérez, son residentes del área metropolitana y siguieron muy de cerca las elecciones presidenciales en Guatemala.
Indígenas mayas lamentan el fracaso de Menchú. Otros se alegran del “avance democrático”
Por Ramón Jiménez
El Tiempo Latino
Las encuestas indicaban lo contrario, pero algunos indígenas guatemaltecos que residen en la región de Washington “soñaban” que Rigoberta Menchú haría un mejor papel en las elecciones presidenciales del domingo 9.
Pero Menchú quedó eliminada de la contienda al captar el 3 por ciento de los votos, muy por debajo del 50 por ciento más uno necesario para ganar en primera vuelta.
Ahora, el socialdemócrata Álvaro Colom de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE, con 28 por ciento de los votos) y el ex general derechista Otto Pérez Molina del Partido Patriota (PP, con 24 por ciento) irán a una segunda ronda el próximo 4 de noviembre.
Uno de los dos puede triunfar por mayoría simple esa fecha.
“Que bueno hubiera sido tener al primer presidente indígena de Guatemala con Rigoberta Menchú, pero esta vez no se pudo, a pesar de que el 60 por ciento de la población guatemalteca somos indígenas”, se lamentó el estudiante y pintor Ubaldo Sánchez, residente en el condado de Arlington y originario de Quetzaltenango.
La baja de Menchú según analistas se debió al “racismo y a la falta recursos para costear su campaña presidencial” y porque muchos indígenas votaron por otros partidos y no hubo unidad.
El activista Ernesto Grijalva señala que esperaba un mejor papel de Menchú, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992, quien se ubicó en el sexto lugar.
Grijalva, residente en Washington y originario de Jutiapa, en el oriente guatemalteco, considera que los votantes de su país ahora están en una posición de escoger entre dos personas con las que él no simpatiza.
“Pérez Molina es un ex militar que tiene un pasado muy oscuro...durante la guerra civil fue conocido como el comandante Tito, y supuestamente cometió atrocidades en provincias como el Quiché y regiones aledañas”, dijo Grijalva.
“Colom no tiene tan manchado su récord y lo veo más como una opción. Es mejor que el próximo presidente sea un demócrata de izquierda y no alguien que quiere solucionar todo con mano dura aunque ésta no funcione”, remarcó Grijalva.
En lo que parecen coincidir los residentes guatemaltecos del área es en condenar la violencia que caracterizó el proceso electoral. En ese período se registraron 50 muertes con móviles políticos.
“Ciertos candidatos aprovechan situaciones que se dan para tildarlas como crímenes políticos, pero algunos son crímenes comunes, venganzas, presiones o pleitos entre dirigentes por posiciones”, dijo el empresario Marco Sánchez, quien opera en Langley Park y Washington, D.C.
Para Sánchez lo más destacable es el avance democrático en su país. “Este proceso es diferente a los que tenían lugar hace quince o veinte años en Guatemala y es una muestra que la democracia está avanzando en ese aspecto”, apuntó el estudiante, quien a su vez confiesa que no simpatiza con ninguno de los partido político que participan en las elecciones.
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