Todos han pasado por lo mismo alguna vez. Llegar a casa y encontrar el estacionamiento ocupado, no poder dormir porque el perro del vecino ladra de noche, soportar que la inquilina de abajo cocine brócoli todos los viernes y que el olor se impregne en la alfombra y los sillones de la casa es ya un clásico.
En general los expertos coinciden en que bajar los decibeles, contar hasta cien e intentar dialogar es un buen camino para lidiar con esos vecinos desagradables.
No es posible generalizar y decir que los estadounidenses mantienen una mala o buena relación con sus vecinos. Como ocurre en otros órdenes de la vida, aquí no sólo hay “grises” sino una amplia gama de colores.
“En algunos lugares la gente es muy sociable y está dispuesta a interactuar con otros”, dice Yvonne Thomas, especialista en relaciones humanas y miembro de la Asociación de Psicólogos de Los Ángeles, California.
Pero también están aquellos que se aíslan y son más reservados. Esto tiene que ver con las ocupaciones diarias, el tiempo que pasan en la casa o lo poco o mucho que tengan en común, como la religión, la edad y los hobbies, explica Thomas.
Una encuesta realizada recientemente por Edy’s Slow Churned Light Ice Cream, a través de la Corporación de Encuestas de Opinión (Opinion Research Corporation), sirve para ilustrar el tema. El 55 por ciento dijo ser menos amigo con sus vecinos de lo que fueron sus padres.
Mientras que el 59 por ciento de los que se consideraron no amigos de sus vecinos, afirmó estar muy ocupado como para establecer relaciones significativas.
El estudio remarca que tres de cada diez personas (27 por ciento) ni siquiera conoce el nombre y apellido de sus vecinos. Y menos de un tercio (32 por ciento) ha intercambiado las llaves con la persona de al lado.
Consultados sobre cómo construir una buena relación, el 41 por ciento citó la cortesía, un 20 por ciento el respeto por la privacidad, otro 20 por ciento la confianza, el 10 por ciento la comunicación y el 6 por ciento la interacción social.
Pero llegado el punto de tener que lidiar con “esos vecinos molestos”, que son sucios, hacen ruido y siempre llegan borrachos, lo prioritario es asegurarse que el problema está en el otro y no en uno. La clave es “chequear si hay muchos perjudicados por una misma situación o si es uno”, dice Thomas.
Después viene la comunicación directa, que es la primera opción al abordar conflictos entre individuos, a menos que se trate de alguien peligroso.
También es recomendable hablar directamente con el involucrado, mostrar una actitud madura y amigable, antes de marcar la disconformidad.
Una buena técnica es iniciar la conversación con una frase positiva, poner la queja en el medio y finalizar con algo positivo. Lo cual demostrará que hay buena voluntad y deseos de armonía.
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