MEDIA ESTRELLA. Una de las 150 casas de huéspedes de Altar, en donde la gente espera el momento de cruzar.
Parada obligada antes del desierto, el poblado ganadero hoy es territorio de migrantes y polleros
Por Daniel Gilbert
especial para El Tiempo Latino
Altar, SonoraLa historia reciente de este pueblo, y algo primordial sobre la migración al norte, está revelado en dos bandanas colgadas en el perchero de una tienda, sus telas rozando en la cálida brisa.
Verde contra negro. Benjamín Franklin contra calaveras. Una imagen que recuerda cómo el fenómeno migratorio es espada de doble filo, tanto para los migrantes como para las comunidades que los acogen.
“Nadie se va por su propio gusto”, dice Romeo Monteverde, alcalde del pueblo, conocida plataforma de lanzamiento para el paso al norte. “Van para sobresalir”, puntualizó en entrevista el funcionario, quien también ha cruzado de ilegal para trabajar un año en Phoenix, Arizona.
Monteverde agradece a los pollos como aquí se conocen a los migrantespor la vitalidad económica que han inyectado en el pueblo, pero suspira con resignación al abordar el tema de la delincuencia que rodea el flujo migratorio.
El pueblo que fue fundado en el siglo XVIII, y que está ubicado unas 60 millas al sur de la frontera estadounidense, ha crecido desmedidamente en los últimos años, convirtiéndose en una urbe de transeúntes y un “foco rojo” del narcotráfico.
La ola de migrantes quienes empezaron a llegar hace una década ha dejado una economía de tiendas de abarrotes, mochilas, ropas, artículos religiosos y medicinas útiles para el desierto.
La demanda para alojamiento resultó en la creación de 150 casas de huéspedes y 30 hoteles, logrando el objetivo de vaciar la plaza en donde los migrantes antes se reunían a pasar la noche.
Pero esta particular ola migratoria no sólo ha traído a Altar la esperanza que mira hacia el norte. También arrastró hacia el pueblo el crimen organizado: las vastas y sombrías redes que manejan el negocio de pasar gente y narcóticos a Estados Unidos.
Peleas entre distintos “grupos de poder” han resultado en 16 ejecuciones entre Altar y la vecina ciudad de Caborca, en lo que va del año, de acuerdo con el presidente altarense.
Monteverde dice, apenas murmurando, la palabra “mafia”, y se rehusa a discutir la presencia de la delincuencia organizada.
Por otra parte asegura que su deber es proteger a los migrantes que llegan al pueblo, pero admite que no se mete con los polleros a menos que ellos cometan crímenes violentos.
Dos polleros y un burrero así se define a los que cargan drogas por el desierto corroboraron en una noche reciente que la policía los ignora.
El trío fumaba marihuana y tomaba cerveza amparándose justamente en las sombras del edificio muncipal donde Monteverde tiene su oficina. A veces orinaban contra la pared.
En el transcurso de una media hora, dos patrullas pasaron por el lugar sin advertir, o sin querer hacerlo, la presencia de los contrabandistas que estaban allí.
“La policía aquí no hace nada”, dijo un pollero quien se identificó como Miguel.
“O a lo mejor, hacen algo, pero alguien tendría que acusarnos, y no se atreven”, precisó otro pollero, de nombre Enrique.
El ambiente del pueblo se ha tranquilizado en las últimas semanas, según funcionarios y habitantes, debido a un operativo militar, comandado a nivel federal, contra el narcotráfico que continúa en la región noroeste de Sonora.
Desde junio, soldados mexicanos han decomisado más de 46 toneladas de marihuana, 67 armas de fuego y 46 vehículos robados, según han reportado los medios locales.
Sin embargo, la delincuencia se siente en el ambiente y ya ha sembrado miedo entre los habitantes de Altar.
“Casi no salimos”, dijo Lorena Córdoba, una altareña quien es dueña de una tienda de abarrotes y del hotel Tres Hermanos.
“Nunca sabes con quien vas a encontrarte en la calle. Anda mucha gente que no es de aquí”, expresó. Pero al tiempo que Córdoba lamenta la inseguridad que siente de sólo pensar en dar un paseo, la empresaria enfatiza que su negocio se ha beneficiado mucho con la migración.
“Antes no había nada de economía. Todo era puro ganado”, aseguró.
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