CARTEL. Los negocios de Prince William pro inmigrantes exhibieron un cartel durante la semana del boicot.
Activistas vs empresarios Un boicot siempre es controversial y suele dividir las opiniones:
El boicot es una reconocida medida de acción económica, que se utiliza en muchos países como una herramienta para castigar a alguien: usualmente a una empresa o a un gobierno, buscando afectarles el bolsillo.
En años recientes, también ha surgido como una táctica que afila las diferencias de facciones opositores dentro de un movimiento.
1 de mayo de 2006: con el Congreso dentro del debate migratorio, activistas locales rompen con el liderazgo nacional del movimiento por los derechos de los indocumentados, instando a la comunidad a no comprar nada.
agosto de 2007: la reacción a una resolución anti-indocumentados en Prince William divide a activistas comunitarios que convocan al boicot y a empresarios que prefieren el camino del diálogo con los legisladores.
La acción realizada en Prince William reveló paradojas y el interrogante sobre su impacto real
Por Daniel Gilbert
Especial para el Tiempo Latino
El boicot a tiendas estadounidenses en Prince William fue una buena manera de demostrar el poder económico de sus residentes inmigrantes, de acuerdo con Rolando Milian.
“Sin el consumo de la gente hispana, las compañías americanas van a tener buenas pérdidas”, expresó el guatemalteco de 37 años, quien trabaja en la construcción.
Pero Milian, quien dijo apoyar el boicot, estuvo hablando fuera de un Wal-Mart en Manassas, con un cuadro recién comprado en la megatienda.
Esta aparente contradicción fue evidente entre consumidores latinos que decían solidarizarse con los indocumentados, pero acudían en gran número a los centros comerciales en el condado la semana pasada, pese al boicot.
La acción económica fue convocada para protestar una resolución severa contra la inmigración sin papeles que aprobó la Junta de Supervisores en este condado el 10 de julio. Los organizadores precisaron que no se debía boicotear tiendas de migrantes que se unían la causa, pero este esfuerzo de no dañar dichos negocios sembró confusión en la comunidad.
En el centro comercial de Manassas, Arturo Cantú caracterizó el boicot como una estrategia equivocada, al tiempo que introducía monedas en el carro mecánico que montaba su hijita.
“Es poco eficaz para presionar al Gobierno”, dijo Cantú, un electricista y ciudadano americano. “¿Dónde se están yendo los taxes? Van al mismo gobierno, no importa si uno compra en una tienda latina o americana”.
Aún si fuera trivial el impacto económico del boicot, no se deduce que es necesariamente un fracaso, observó Bryan Caplan, un economista de la Universidad George Mason. Durando apenas una semana, un boicot “no va a ser muy eficaz como arma económica. Pero en cuanto a lo simbólico, eso es otra pregunta”, señaló.
El liderazgo de la organización Mexicanos Sin Fronteras, los organizadores del boicot, destacaron que la acción se debía entender como una expresión más “humana” que económica.
“En fin, el boicot no está siendo usado para afectar directamente la economía del condado”, explicó Ricardo Juárez, coordinador general de la entidad. “La meta del boicot fue llevar nuestra voz a un nivel público”. En estos términos, el objetivo “se logró absolutamente”, dijo Juárez. Al cabo de una semana, cualquier impacto económico que tuviera el boicot resultó ser de secundaria importancia en comparación con el debate que impulsó.
Miles de manifestantes se sumaron a la demostración al final de boicot, la cual atrajo gente desde Minnesota que viajaron 20 horas en carro para mostrarse solidarios con los indocumentados en Prince William.
Pero en la cuestión económica, el impacto era menos claro.
El centro comercial Potomac Mills “era extremadamente concurrido”, según afirmó Caroline Barry, directora de márketing. “A primera vista, parece que el boicot no nos impactó”, dijo, notando que las tiendas miden sus ventas independientemente.
Empresarios latinos en Prince William a favor y en contra del boicot señalaron que habían notado escasas diferencias en el negocio durante la última semana, dentro del contexto de una baja general que se extiende desde hace meses.
Pero en el billar Rack N’ Roll de Manassas, el dueño David Ruttenberg lo vio de otra manera.
“Nos sentimos intimidados”, dijo Ruttenberg, quien se describe como “pro inmigrante” y cuya clientela es mayormente latina.
“Es como si tú te enojaras con tu jefe en el trabajo, regresas a tu casa y pateas al perro. Somos el perro”, explicó el empresario al relatar la injustica que percibió en el boicot.
Ruttenberg estima que su negocio bajó un 30 por ciento las ventas la semana pasada, pero dice que reserva su rencor para los organizadores como Juárez, y no con la gente hispana, por la que siente “compasión”.
La reacción entre los supervisores que aprobaron la resolución fue aún menos receptiva. En una rueda de prensa el 4 de septiembre, los supervisores hablaron junto con integrantes de Help Save Manassas, un grupo opuesto a la inmigración indocumentada.
“Mexicanos Sin Fronteras es un grupo fuertemente anti-americano”, expresó John T. Stirrup, el supervisor republicano quien patrocinó la resolución controversial, según reportó The Potomac News.
“Vamos a seguir firme en esta dirección”, declaró Corey Stewart, presidente de la junta. “No tenemos intención de ceder”.
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