BARBARA FRECHETTE Periodista y escritora La mujer puede cambiar el diálogo social”
ETL
Barbara Frechette
El liderazgo femenino En la introducción de “El poder compartido”, Barbara Frechette escribe:
Una causa paradójica de la emergencia demujeres líderes en Colombia es su surgimiento en un país en el cual el machismo se supone es una característica ampliamente generalizada... Creía que la mayoría de las casi 20 mujeres líderes entrevistadas habían crecido en hogares bajo la tutela de padres machistas de quienes habían rtenido que rebelarse, pero me sorprendí al saber que éste no era el caso... De hecho, varios de estos padres les dieron a estas mujeres un mayor apoyo que sus mismas madres. Algunas de mis entrevistadas afiman que los hombres colombianos en realidad prefieren trabajar con pares femeninos igualmente calificados y que con frecuencia las prefierenb a los candidatos hombres para las mismas posiciones... La mayoría llega a la conclusión de que el machismo es casi inexistente en los más elevados estatmentos institucionales en Colombia, aunque todavía se manifiesta a nivel personal.
Esposa del embajador de EE.UU. en Colombia Myles Frechette, entre 1994 y 1997, Barbara Frechette es periodista por formación y escritoria de profesión y ejercicio. Sus tres años de estancia en Colombia la impactaron positivamente al punto que se centró en lo que ella llama su descubrimiento y sorpresa: el sólido y activo papel del liderazgo femenino en una sociedad que se presupone machista. Por eso se decidió a escribir el libro “El poder compartido” donde ofrece el perfil de siete mujeres que representan a lo femenino desde las artes, la prensa, la cultura y la política. El libro sólo se puede conseguir en www.libreriadiamante.com, o en la misma librería en 1 N Summit Ave., Gaithersburg, MD 20877. Tel 301-208 1872. Barbara Frechette habló con el director de El Tiempo Latino Alberto Avendaño.
¿Existe una diferencia entre el feminismo estadounidense y los logros de la mujer en Colombia? Primero su rapidez: después de adquirir un tardío derecho al voto en 1957, les llevó menos de 4 décadas alcanzar el liderazgo. Segundo, las mujeres colombianas llegaron al éxito sin sembrar rencores. Y tercero, perseveraron siempre en la feminidad evitando emular modelos de liderazgo masculino. Es irónico que sin contar con un movimiento de protesta feminista ni con un programa de acción afirmativa, la mujer colombiana haya logrado metas feministas de igualdad de oportunidades basadas en mérito.
¿Cuál es para usted la mayor virtud de este movimiento femenino ? Que detrás de cada mujer colombiana exitosa, hay otra mujer colombiana ayudándole.
¿Con la mujer en posiciones de liderazgo, el mundo y la sociedad mejora? No existe el liderazgo femenino o masculino. Los hombres disfrutaban de una ventaja sociológica porque ocupaban los puestos de mando. Por eso las mujeres se vieron forzadas a convertrirse en constructoras hábiles de autoridad para afectar el cambio en las jerarquías masculinas desde el exterior. Las mujeres aprendieron a formar grupos, a construir el consenso y a hablar con una sola voz. Muy pocos de los líderes actuales ejercen su poder por la fuerza o la manipulación.
¿Cómo eligió a las protagonistas de su libro?
Por medio de listas que me dieron diferentes colombianos. Decidí que el tema del libro sería el liderazgo, no el feminismo y que se incluiría mujeres que fueron las primeras en ocupar puestos antes solo ocupados por hombres. También que ejercieron después de 1957 y que escogieron Colombia para hacer su trabajo. Estas fueron las siete: en política, Esmeralda Arboleda; en familia y sociedad, Virginia Gutiérrez de Pineda; en cultura, Olga de Amaral; en prensa, María Jiménez Duzán; en política: María Isabel Patiño, María Mercedes Cuéllar y Noemí Sanín. Me han preguntado por qué no está Ingrid Betancourt, y es porque cuando se escribió el libro, hace más de una década, Betancourt no había surgido.
¿Qué denominador común llama más la atención de estas siete mujeres?
Todas las mujeres escogidas son extremadamente inteligentes, son trabajadoras prodigiosas y tienen personalidades altamente enérgicas. Todas parecen ser personas altruistas trabajando en favor de su país, y no para lograr metas personales de poder, posición o dinero. La mayoría ha tenido que enfrentar adversidades en sus vidas. Muchas tuvieron madres y padres que les dijeron que podían hacer lo que quisieran con su vida si estaban dispuestas a trabajar lo suficientemente duro. Lo más interesante es que ninguna tuvo un padre machista y varias tuvieron padres que les brindaron más apoyo que sus propias madres.
Usted escribió “El poder compartido” mientras ejercía de esposa del embajador de EE.UU. en Colombia, Myles Frechette ¿cómo recuerda esa época? De 1994 a 1997 fue un período de relaciones diplomáticas extremadamente tensas entre nuestros dos países, al revelarse la entrada de $6 millones procedentes del narcotráfico en la campaña presidencial del presidente Ernesto Samper en el año 1994. Las contínuas amenazas de muerte de parte de los barones de la droga y de la guerrilla añadieron presiones durante el cumplimiento de nuestra misión en Colombia. En esa época de nuestra vida, escribir “El poder compartido” fue una especie de regalo divino, ya que podía dedicar mis esfuerzos a un libro esperanzador y positivo sobre el liderazgo de las mujeres colombianas. La mayoría de los hombres y mujeres de Colombia son personas honestas y trabajadoras que han vivido aterrorizadas y silenciadas. Todos esperan que los gobiernos por venir puedan acabar con la ilegalidad, la violencia y la corrupción.... Lo que desean es la cotidiana normalidad para poder legarla a sus hijos. Lo dijo en su día el Nobel de literatura Gabriel García Márquez al exhortar a sus compatriotas a luchar “por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”.
Como mujer, usted también fue una pionera en su propio país... Estudié literatura y periodismo en la universidad de Gonzaga. Y sentí cierta soledad femenina al trabajar en una división de IBM en Seattle y luego en la división aeroespacial de Boeing donde era la única mujer escritora entre los 80 mil empleados. Allí conocí a mi esposo, Myles, con quien cambié mi vida y compartí 35 años de carrera diplomática. Pero las mujeres no somos pioneras, somos necesarias. Somos ese otro 50 por ciento necesario para que el mundo sea más justo, balanceado y armónico.
¿Ve usted en la precandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, una esperanza en Estados Unidos? Sin duda. Mi esposo y yo conocimos a los Clinton en los años 90 y hay que darles crédito por haber criado a su hija de manera ejemplar, en las circunstancias que vivieron. La senadora Clinton, como presidenta, traería al país lo que una mujer puede hacer: ser un instrumento para el cambio. Cambiar el diálogo social y el público.
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369