Máquinas tragamonedas...¿salvadoras?
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Steve Klaver/AP
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| JUGANDO. Máquinas tragamonedas en el Mount Airy Casino Resort, en Paradise Township, Pennsylvania.. |
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La opción: un referéndum
Con una Asamblea que no se pone de acuerdo, la decisión puede quedar en manos del pueblo:
Por cuatro años el predecesor del gobernador Martin O’Malley (D), Robert Ehrlich (R), promovió sin éxito la legalización de máquinas tragamonedas. El republicano contó con el apoyo del presidente del Senado, Thomas V. Mike Miller Jr. (D-Calvert), pero enfrentó una dura apocisión del presidente de la Cámara de Delegados, Michael E. Busch (D-Anne Arundel).
O’Malley, quien ha propuesto también legalizar las máquinas para generar fondos y eliminar un déficit presupuestario, enfrenta el mismo problema. Ante la posiblidad de un rechazo en la Asamblea y la creciente presión contra el juego, O’Malley ha indicaco que el debate de más de cinco años podría posiblemente resolverse de una sola forma: mediante un referéndum, el cual aparecería en las papeletas de las elecciones presidenciales de 2008.
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El gobernador de MD las quiere para paliar el déficit. Pero otros temen que afecte a las minorías
Por Luz Lazo
El Tiempo Latino
¿Son las máquinas tragamonedas una “idea perniciosa” o un “beneficio económico” para Maryland? Lo único seguro ahora es que esa es la cuestión que tiene al estado en uno de los debates mas contenciosos en años.
El mes pasado, el gobernador Martin O’Malley propuso oficialmente legalizar 9.500 o más máquinas tragamonedas en el Estado. Las instalarían en pistas de carreras para caballos y otros lugares en los condados de Allegany, Anne Arundel, Frederick y Harford. Hacerlo, aseveró, serviría como recurso para evitar el decaimiento de cientos de empleos en la industria de las carreras de caballos, y a la vez generaría fondos para continuar el subsidio completo de la educación pública y cerrar un proyectado déficit millonario en el presupuesto.
Estimados del Departamento de Trabajo de Maryland indican que residentes del estado invierten unos $150 millones anuales en salas de juego en Delaware y West Virginia.
Dinero que podría invertirse en Maryland, según argumentó en un reporte el secretario de ese departamento, Thomas Pérez.
“Al no tener máquinas tragamonedas, Maryland ya ha perdido cientos de millones de dólares en ganancias...”, escribió Pérez, en el estudio que entregó a O’Malley.
El funcionario señaló que la demanda por las máquinas es clara. Los residentes de Maryland gastan más en el Charles Town Races and Slots de West Virginia que los residentes de cualquier otro estado. Y un gran número de los que visitan esas salas de juego son personas de clase media y de Montgomery, dijo Pérez.
Una encuesta de “The Washington Post” esta semana encontró que siete de cada 10 residentes de Maryland apoyan la legalización de las máquinas.
O’Malley insiste en que las ganancias del juego ayudarán a reducir el proyectado déficit presupuestario de $1.700 millones. Y estima que se generarían $500 millones en los próximos años.
Pero políticos y activistas contra la legalización de las máquinas aseguran que Pérez y O’Malley ignoran los efectos negativos que podrían traer las salas de juego.
Son una “idea perniciosa”, afirmó el tesorero del Estado, Peter Franchot, demócrata y uno de los más ardientes opositores al plan.
“Las máquinas tragamonedas son un impuesto regresivo: afectan más duro a aquéllos que menos pueden permitirse ese lujo”, afirmó Franchot recientemente. “(También) contrarrestan con la meta del gobernador de hacer que los códigos de impuestos sobre los ingresos sean más progresivos, y conllevarán a la adicción, la bancarrota y el crimen”.
El polémico tema que está sobre la mesa desde hace cinco años, ha provocado duros intercambios entre políticos del mismo partido a la vez que ha servido para formar alianzas inesperadas. Republicanos que apoyan la legalización respaldan el plan de O’Malley aunque insisten en que se incremente el número de máquinas que pueden legalizarse.
A la vez, legisladores demócratas con posiciones clave en la Asamblea General continúan expresando una rotunda oposición y aseguran que bloquearán el plan. Como Franchot, algunos argumentan que una máquina tragamoneda en las carreras de caballos abrirá las puertas a la industria de los casinos.
El delegado Luis Simmons (D-Montgomery) argumenta además que los más afectados por el juego serían las comunidades afroamericana y latina.
“Los datos indiscutibles demuestran que el juego de máquinas tragamonedas es un instrumento agudo que recoge cantidades de dinero de los pobres y de las minorías”, alegó Simmons en un editorial en “The Washington Post”.
Por su parte el activista Aaron Meisner, del grupo Stop Slots in Maryland (paren las máquinas tragamonedas en Maryland) considera que la idea del gobernador de que el Estado podría generar $500 millones sin tener que pagar nada a cambio es “ilógica”.
“Sería maravilloso argumentar que vamos a generar millones sin ningún costo para el Estado... Pero habrá altos costos sociales, adicción, divorcios, desfalco, crimen”, expresó Meisner, quien la próxima semana cabildeará en Annapolis en contra del plan.
La Legislatura estará ahí en sesión extraordinaria para tratar el déficit, y las máquinas tragamonedas prometen ser tema de atención. Pero expertos aún no saben qué esperar de la sesión. Y O’Malley ya indicó que quizás será más fácil y más conveniente dejar que el pueblo vote en referéndum si las máquinas son un aporte económico o una idea perniciosa.
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