FOTOS. Samantha Schneider y su hermano Jason Molinares acompañados por 14 parejas de honor y dos niñas en la sesión fotográfica del 18 de agosto en Arlington.
Consejos para la fiesta Los pros y contras de preparar todo entre la familia y los amigos:
La mamá de Samantha, Martha Paz, aconseja que en el momento de pensar en la organización de la fiesta, lo primero que hay que hacer es reunir el dinero que se va a gastar. Con el dinero reservado en el banco todo es más fácil.
Otro de los consejos es contratar a una empresa para que se ocupe de la organización de la fiesta. Y decidir en función de ese presupuesto guardado.
“Si me tocara hacer la fiesta de nuevo contrataría a una empresa para que se ocupe de todo y de esa forma evitar todo el estrés”, comenta Paz. “También hay que tener en cuenta si hay amistades dispuestas a ayudar”, agrega.
Para la selección de la comida, lo ideal es un bufet para que cada uno se sirva cuando quiere y lo que quiere.
En cambio, si se contrata el servicio por persona y por plato, el menú es limitado y está regido por horarios estrictos. “Eso, para nosotros los latinos, que somos bastante impuntuales, no es lo más conveniente”, dice Paz. “En este caso, el que llega tarde no come, y ese plato hay que pagarlo igual”.
Por otra parte, los servicios por persona generalmente ofrecen una sola opción para el plato fuerte. En cambio el bufet, en el que cada uno se sirve, presenta diferentes platos y acompañamientos y permanece servido y caliente por más tiempo.
Para una fiesta de 15 años con 300 invitados, la familia gastó: $8.000 por el alquiler del local; $900 por el pastel, cerca de $1.500 en bebidas alcohólicas y alrededor de $1.600 en las fotos y el video.
Como algunas de las damas de honor no estaban en condiciones de comprarse el vestido, Samantha y su familia se ocuparon de los gastos.
La estética y la creatividad marcaron la fiesta de Samantha Schneider, donde el pastel y los vestidos dieron la nota
Por Maritza Gueler
El Tiempo Latino
Samantha Schneider cumplió sus 15 años el 15 de mayo, pero su fiesta fue el 18 de agosto. Y al mejor estilo colombiano, los rituales marcaron las etapas. Cuatro vestidos distintos y un pastel que era semejante al de una boda.
Era un inmenso pastel con escaleras a través de las cuales bajan parejas de muñecos que representan a las damas y caballeros de honor. Columnas de cristal transparentes y varios niveles en los que descansan una sucesión de pasteles. Una verdadera obra de arte.
Los cuatro vestidos, hechos por diseñadores de renombre, se los regalaron sus padrinos. Cada uno con un diseño y un color también diferente. Unos con lentejuelas, otros con piedras de colores diversos.
El secreto colombiano es arreglar a la quinceañera y no dejarla ver hasta que llegue el momento del vals. Sin embargo, sus acompañantes son los únicos que pueden verla con el primer vestido durante la sesión de fotos.
Después, la jovencita se pone un vestido blanco y otros zapatos para bailar el vals. Como el papá de Samantha estuvo ausente, ella prefirió bailar con su hermano, Jason Molinares, hijo del primer matrimonio de su mamá, Martha Paz.
“Mi hermano es como mi padre y es el hombre que más cerca tengo en mi vida”, comenta Samantha, que cursa la escuela secundaria en la Fairfax High School, que queda cerca de su casa, en Fairfax, Virginia.
Cuando el vals terminó y bailó con todos sus amigos, llegó el turno de cambiarse y lucir el tercer vestido, que es el que determina el paso de niña a mujer.
Esta vez, la cumpleañera, y las damas y caballeros de honor, se lanzaron a bailar salsa y bachata. Samantha, con su nuevo vestido de lentejuelas y canutillos armó su propio show con sus amigos, con los que estuvo ensayando este número durante casi un año.
Y para terminar, llegó el vestido blanco del final, con zapatos de cristal, igual que la cenicienta. Con ése se quedó por el resto de la fiesta.
Un año antes, su mamá, que llegó hace 23 años desde Colombia, comenzó a preparar la ceremonia. El tiempo la ayudó a ir haciendo todo con tranquilidad. “Por lo general, en nuestros países no tenemos mucha ayuda y los padres tenemos que hacerlo solos. En cambio acá todo el mundo ayuda”, comenta la mamá.
Cuando llegó el momento de elegir el pastel, después de recorrer muchos lugares y de probar infinidad de tortas, Samantha y su mamá decidieron consultar con la pastelería a la que siempre le han comprado los pasteles para otras ocasiones, Castro’s Bakery, de Arlington. Y con esa se quedaron.
“Desde que llegamos aquí siempre encargamos las tortas en esa pastelería, y finalmente terminamos con ellos. No nos gustaba ningún otro pastel”, dijo Martha Paz.
Pero quedaban otros detalles que resolver. La tradición colombiana también, al igual que en otros países de América latina, convoca a catorce parejas de honor. Samantha eligió, igual que todas las quinceañeras, a sus mejores amigos.
“Lo que me gustó fue cuando mis amigos venían a ensayar a casa”, recuerda Samantha. Entre todos montaron el número de salsa y bachata que determinó la tercera parte de la fiesta.
Sin embargo, no todas fueron rosas durante este período. A veces, los compañeros fallaban y tenía que llamarlos y “perseguirlos” para que fueran a los ensayos. Por momentos, esa diversión se convertía en un dolor de cabeza.
A la hora de la fiesta, madre e hija decidieron delegar tareas a cada una de las personas que estuvieron dispuestas a ayudar. De todas maneras, no lograron evitar el “corre corre” que implica atender a 300 invitados.
Ese día, toda la familia estuvo con ella y eso fue “algo maravilloso”, comenta la jovencita.
Pero quizás, lo más conmovedor, fue tener a su hermano como paje de honor. “Quise tener junto a mí a alguien importante de mi familia. Y él lo es para mí”, dice con emoción mientras recuerda aquellos momentos en los que se sintió reina por un día.
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369