LA ESPERA. El 14 de abril Gloria García aguarda el momento de entrar al salón donde la esperan sus padres y sus amigos.
Como en el ballet El Adagio de la Rosa en “La bella durmiente del bosque”:
Cuando en 1890 se estrenó por primera vez en San Petersburgo “La Bella Durmiente”, obra maestra de Marius Petipa y de Piotr I. Tchaikovsky, se vio por primera vez la celebración del cumpleaños de la princesa Aurora. Allí la joven hace su paso de niña a mujer ante una corte de cuatro príncipes que quieren desposarla. La protagonista baila en esa escena lo que se conoce como el Adagio de la Rosa. Con pasos de ballet dificilísimos, que ponen a prueba a las más excelsas bailarinas, va recogiendo una rosa de cada uno de esos príncipes. Una de las escenas más bellas del ballet que se asemeja a la tradición boliviana.
DAMAS DE HONOR. En el rito de las velas.
Cuatro meses antes la mamá de Gloria García planeó una fiesta de acuerdo con la más pura tradición boliviana
Por Maritza Gueler
El Tiempo Latino
Con una rosa en la mano, siete caballeros esperaban el paso de la joven y recién inaugurada princesa. Pero esta vez, ya no era la princesa Aurora que en el cuento de Charles Perrault, “La bella durmiente del bosque” hace su presentación en sociedad frente a una corte de príncipes casaderos.
Esta vez, la princesa era Gloria García, y sus príncipes, los compañeros de la escuela y amigos queridos. Gloria fue recogiendo una a una esas rosas que permanecían espectantes en las manos de esos jóvenes que la acompañaban en ese momento tan determinante en su vida.
Mientras, el padre, Luis García, se preguntaba lo mismo que se preguntó cuando Gloria cumplió un año: “¿Y ella es mi hija?” Casi no podía creer lo que estaba viendo.
Cuatro meses antes, la madre, María Teresa García, comenzó a hacer los preparativos. Quería que su hija tuviera la fiesta de 15 que ella no pudo tener en Bolivia. La fecha fijada para la celebración fue el 14 de abril, apenas dos días después del cumpleaños de Gloria.
Puso todo su empeño. averiguó precios por todos lados, contó y recontó los ahorros, y decidió prepararla por su cuenta. Sin llamar a ninguna compañía de catering, sin contratar a ninguna confitería para que haga el pastel. Los precios excedían su presupuesto. Pero eso no la desanimó.
Sólo una sobrina y una amiga integraron la “comitiva organizadora”. Las tres prepararon todo. Eran 150 comensales. Cocinaron, hicieron los souvenires, prepararon los adornos para el salón, que un amigo les alquiló por sólo $200. “¡Es casi un regalo!” pensó la mamá.
El promedio que se barajaba en ese momento abril de este año era de $1.500 a $2.000. Una cifra imposible si se sumaban los otros gastos: el vestido, el pastel, la comida, las fotos, la música, la limosina, las invitaciones y los souvenires.
Pero como suele ocurrir, entre los amigos y los parientes, siempre hay alguien dispuesto a ayudar.
Los 15 son importantes para los hispanos y casi es inconcebible que una niña no tenga su fiesta. “Para nosotros significa una alegría que nuestra hija cumpla 15 años”, comenta el papá. “Esto significa que estamos haciendo un buen trabajo en su educación y lo único que deseamos es que ella sea feliz”, agrega mientras trata de evitar la mención de un posible pretendiente. Ahora que la niña dejó de ser niña.
Así, con las ganas de todos, Gloria tuvo su cumpleaños de 15 con los ritos de la tradición boliviana. De allí llegó toda la familia en 1998 para instalarse definitivamente en Maryland.
“Quería que mi hija tuviera ese momento tan importante en su vida. Quince años no se cumplen siempre”, dice la madre con tono de emoción en su voz. “Mis padres nunca tuvieron la posibilidad económica de hacerme una fista así”, remarca. “Es cierto”, afirma Gloria. “Mi madre nunca tuvo su fiesta de 15 y creo que las dos quisimos lo mismo”.
Según la más pura tradición boliviana, cada una de las quince damas de honor lleva una vela encendida y cada uno de los quince pajes, una rosa. Al comenzar la fiesta, la quinceañera recorre la hilera de damas mientras va apagando las velas al tiempo que también recoge las rosas de la mano de los pajes. Una bella escena que tiene su asociación directa con el antiguo ballet de “La Bella durmiente”, en la escena del famoso Adagio de la Rosa. “Pensé que estaba viviendo un sueño de hadas como si fuera una historia real”, recuerda Gloria.
Gloria tuvo todo eso. Aunque las quince parejas que tradicionalmente se estila esta vez se redujeron a siete, la magia estuvo igual. Sus mejores amigos y amigas, los más entrañables fueron los que estuvieron a su lado.
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