Opinion
Las dos Colombias que se ven Entrevista con Uribe
Por Jorge Ramos
Mi propósito en esta entrevista era ver qué había cambiado en Uribe. ¿Se estaría suavizando? Durante su primera campaña electoral y en sus primeros cuatro años de gobierno había dicho que no canjearía secuestrados por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Y ahora, bajo intensa presión interna e internacional, estaba dispuesto a hacerlo.
“Siempre dije que lo primero que tenemos que hacer es una política muy rigurosa de seguridad, que la hemos cumplido”, me dijo. “Esa política no se opone al diálogo si hay buena fe y cese de hostilidades”.
En varias ocasiones Uribe ha dicho a la prensa que su padre, Alberto Uribe Sierra, murió el 14 de junio de 1983 al resistirse ante un aparente intento de secuestro de las FARC.
Un jefe rebelde, Raúl Reyes, dijo hace poco, según un reporte de El Tiempo, que esa era una versión “falaz” y que ellos no tuvieron nada que ver con la muerte del padre de Uribe.
“Mi familia ha sufrido tanto como el 50 por ciento de las familias colombianas”, reflexionó el presidente colombiano, bajando la voz. “Si tuviera esas reservas, no hubiese aspirado a la presidencia de la República... Yo soy combatiente pero no cultivo el odio. Es como la vaca en el pantano: mientras más patalea más se atolla”.
Seguí: El nuevo presidente francés, Nicolás Sarkozy, dijo estar “obsesionado” por la liberación de la ex candidata presidencial, Ingrid Betancour, quien también tiene la nacionalidad francesa.
“¿Usted comparte esa misma obsesión?” interrogué.
“Por todos los secuestrados”, respondió. “Usted no sabe lo que han sufrido todos los colombianos con el secuestro. Colombia tuvo 23,000 secuestros declarados en 10 años”.
Uno de los principales problemas de la negociación es que las FARC quieren una zona de despeje. Otro problema es que Uribe no hará nada por liberar a dos guerrilleros (“Sonia” y “Simón Trinidad”) que fueron extraditados a Estados Unidos.
“Yo los extradité y que los dejen aquí (en Estados Unidos) hasta que cumplan su pena”, comentó Uribe sin titubear.
“¿Usted confía en Hugo Chávez?” pregunté.
“Yo apoyo esta tarea (de intermediación entre el gobierno y las FARC) que está haciendo (el presidente venezolano) y hago votos para que esta tarea fructifique”, respondió.
Uribe traía más que secuestrados en la cabeza. Me dijo que los paramilitares “desaparecieron totalmente” de Colombia. “Si realmente hubieran desaparecido”, le comenté con incredulidad, “eso sería noticia en todos lados”.
Comprendió mis dudas pero insistió: “Hoy no hay en Colombia grupos paramilitares atacando a la guerrilla”. El presidente de Colombia estaba en Nueva York para hablar ante la ONU y para seguir presionando por un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que no acaba de fructificar.
“Sería muy grave para Estados Unidos no ratificar el tratado con Colombia”, sentenció Uribe.
Pero ese no era el único obstáculo. Estados Unidos, a través del Plan Colombia, ha dado unos $5.000 millones desde el 2000 para combatir el narcotráfico. Sin embargo, algunos calculan que Colombia aún exporta unas 600 toneladas de cocaína a Estados Unidos y Europa cada año. (Esta cifra le pareció realista a un asesor del gobierno colombiano a quien consulté.) “Sigue llegando cocaína”, reconoció Uribe. “Pero en mucho menos cantidad ... y se ha reducido la pureza. Y tienes que mirar que Colombia está decomisando el 50 por ciento de la producción de coca y que fumigamos 160.000 hectáreas al año”.
Y en ese momento, se cambiaron los papeles. Era Uribe el que preguntaba. “¿Usted ha ido a Colombia?”
“Hace mucho que no voy”, respondí, “años”. “Vaya y después hablamos”, me dijo.
“Hay dos Colombias: una, la que pintan las noticias y, otra, la que perciben los visitantes. Usted va hoy a Colombia y encuentra un país con alegría, un país que ha recuperado la confianza”.
Siempre he pensado que el presidente de Colombia, el que sea, tiene el trabajo más difícil del mundo. Y se lo dije también.
“Trabajos difíciles no hay cuando se hacen con amor”, respondió, filosóficamente, y terminamos la entrevista.