Las feministas nicaragüenses han puesto a sudar a la Iglesia Católica y tienen a todo el país hablando de ellas. No necesariamente bien, por cierto, pero de que han vuelto a poner el tema del aborto terapéutico sobre la mesa, no hay duda.
El escándalo comenzó el domingo pasado, cuando varias organizaciones de mujeres decidieron subirle el volumen a una serie de protestas iniciadas el 13 de septiembre, cuando la Asamblea Nacional resolvió modificar la ley para imponer penas de cárcel a quienes interrumpan un embarazo, incluso cuando peligra la vida de la madre. Indignadas por esta reforma al Código Penal que viene a ratificar los compromisos asumidos por sandinistas y liberales hace un año, en plena campañalas líderes del Grupo Estratégico contra la Despenalización del Aborto llegaron a la Catedral Metropolitana para escuchar misa.
A pesar de que lucían camisetas con mensajes a favor del aborto terapéutico, al momento de la comunión enfilaron hacia el altar para recibir la hostia. Sólo la primera de ellas lo logró. Al advertir la presencia de las manifestantes, el Vicario de la Catedral, Bismark Conde, tapó el cáliz dorado y dio por terminada la ceremonia, increpando a las activistas por profanar la Casa de Dios.
Según la prensa local, una de las manifestantes se puso agresiva, le lanzó un pedazo de tela púrpura a Conde y le exigió a gritos “sus derechos de cristiana y católica”. En ese momento fieles y activistas perdieron la compostura y empezaron a vociferar consignas e insultos. “¡Asesinas! Dios las va a castigar!” bramaban los parroquianos. “¡Los asesinos son ustedes! ¡No se metan en asuntos de salud pública!” rugían las activistas.
El griterío y los abucheos duraron casi quince minutos. A pesar de que uno de los padres tomaba el micrófono para exhortar a la calma a la multitud y otro entonaba cantos marianos, los fieles sacaron a las líderes de la protesta a empujones.
La protesta continuó afuera, donde otras mujeres esperaban con pancartas a favor del aborto terapéutico y veladoras. Muchas de la gente que se retiraba de la Iglesia no perdía la oportunidad de pasar denostando contra ellas y su causa.
En ningún país de Centroamérica el aborto genera tantas pasiones como en Nicaragua, donde fue permitido interrumpir embarazos por razones terapéuticas durante más de un siglo, desde 1890. Sin embargo, hace cuatro años la sociedad nica se enfrentó en un acalorado debate por el caso de Rosa, una niña de ocho años a quien sus padres sometieron a un aborto terapéutico luego de que resultara embarazada a causa de una violación.
Para congraciarse con el voto conservador, el actual presidente Daniel Ortega se comprometió a prohibir y penalizar el aborto sin excepciones. Las feministas nicaragüenses, que cuentan con el apoyo del Movimiento Internacional de Católicas por el Derecho a Elegir, han afirmado que seguirán protestando. Convendría, eso sí, que meditaran si la forma más eficaz de hacerlo es provocando un zafarrancho de combate en la misa de Catedral.