Mexicanos sin fronteras Perfil de una entidad pro inmigrante no convencional:
• La organización de base cuenta con 3.000 miembros formales, que vienen de 20 ciudades que se extienden desde Virginia hasta Delaware
• Más allá de la Costa Oriental, la red tiene ramas en El Paso, Texas; Los Ángeles, California y Chicago, Illinois.
• MSF no tiene estructura vertical, sino cada grupo designa a un delegado para representar a sus miembros en conferencias telefónicas.
• Comparte una oficina en el Distrito de Columbia con La Red de Solidaridad Mexicana, que es atendida por voluntarios.
• La campaña de MSF se basa en la participación popular, llamando a un boicot en Prince William contra negocios no inmigrantes; y convocando alrededor de 7.000 personas para protestar en contra de una resolución antiindocumentados.
El líder de Mexicanos Sin Fronteras en Virginia vive entre la lucha pro inmigrante y los taladros
Por Daniel Gilbert
Especial para el tiempo Latino
Ricardo Juárez quiere que se sepa que si no contesta una llamada, es porque tiene las manos llenas.
O porque no alcanza a oír el celular por el ruido del taladro. O porque está en medio de una escalera de 30 pies, pasando materiales al segundo piso de una casa donde él y unos compañeros recientemente realizaron una reparación.
Y es que Juárez : a pesar de convertirse en defensor prominente de la población indocumentada, a pesar de hablar 3.000 minutos al mes con los medios, abogados y residentes de la comunidad, sigue en su trabajo de construcción en el que gana $14 la hora.
Los dos papeles de Juárez obrero y coordinador regional de la organización activista Mexicanos Sin Fronteras (MSF) reflejan plenamente el carácter de su movimiento.
De acuerdo a Juárez, la lucha de base que él y sus colegas de MSF promueven es “fuera de lo tradicional”, absteniéndose de grandes contribuciones de dinero. Hay en su cuenta bancaria quizás $1.500, quizás $800 “se han hecho pagos”, explicó el coordinador que se destinan para “cubrir necesidades”. La organización todavía no ha logrado el estatus legal “sin fines de lucro”.
Pero si no depende de grandes ingresos de dinero, las obligaciones del activista requieren una inversión de tiempo, lo cual tiene su costo.
Juárez, de 40 años, está casado y tiene un hijo de 13 años nacido en México, pero no quiere hablar de su familia. “Están aquí conmigo”, se limita a decir.
La construcción es la única carrera que Juárez ha conocido desde que llegó a este país en 1995. Y es a través de esta industria que primero vislumbró la injusticia contra el inmigrante. Recuerda el trato que recibió tras una seria caída que le dañó la columna vertebral, y otra ocasión cuando un empleador lo abandonó con unos compañeros en medio de la I-95, sin pagarles.
Y un buen día, no hace mucho, Juárez llegó al trabajo con un cinturón de herramientas, y una libreta llena de casos y números telefónicos, aprovechando el almuerzo para hacer las llamadas más urgentes.
“Michael, oye”, dijo Juárez al llamar a un abogado que ofrecía apoyo gratuito a inmigrantes la semana pasada.
“Una compañera nuestra, una voluntaria, fue a inscribir a su hijo en una escuela pública de Prince William, y le pidieron los papeles. . . de ella. . . Sí, es una escuela pública. . .”.
En el tiempo que ha pasado tras la resolución votada en Prince William el 10 de julio, Juárez admite que “he trabajado poco” en la construcción.
En julio, los supervisores del condado votaron a favor de quitar servicios públicos a los inmigrantes sin papeles, un hecho que ahora está siendo revisado por el alto costo operativo que demandaría.
El martes 2 de octubre, la Junta supuestamente votaría la entrada en vigencia de esta norma pero postergó hasta el 16 de este mes la decisión final. La lucha sigue.
El jefe de la compañía a quien Juárez se rehusa a identificar, pero a quien describe como “supporter” de MSF le permite cierta flexibilidad en las horas.
En el pasado, ha perdido empleos mejor pagados uno que le proporcionaba $46.000 al añopor dejar el trabajo para acudir a un evento comunitario.
En varias ocasiones, expresa el activista, ha tenido que decidir y “perder mi trabajo porque salí para hacer algo importante para ayudar a mi comunidad”.
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