A SALVO. Olga Lidia Huamaní habla el día 27 con Univisión y con El Tiempo Latino frente a la casa de Rockville, Maryland, en donde sufrió maltrato laboral.
La organización CASA de Maryland auxilió en Rockville a una empleada víctima de un supuesto abuso laboral
El Tiempo Latino
Redacción
Eran las 5:30 de la tarde del martes 27. Rockville estaba oscuro y frío. Tres representantes de la organización CASA de Maryland llamaron a la puerta de una vivienda. Salió una mujer arrastrando bolsas negras. Detrás de ella, bajo la luz mortecina de la casa, se percibía el rostro serio de un hombre. Con ayuda, la mujer llegó hasta la vereda, se abrazó a quienes llamó sus “salvadoras” y lloró ante un micrófono de Univisión: “Si mi papá me está viendo en Perú... papá, no te preocupes, voy a salir adelante. Nunca más me voy a dejar humillar por nadie”.
Las representantes de CASA, Doris Depaz, Alexis Desimone y la abogada Jessica Salsbury acababan de “rescatar” a Olga Lidia Huamaní, peruana, de 30 años. Una empleada doméstica quien supuestamente era víctima de abuso laboral e incumplimiento de contrato, mientras trabajó en el hogar de un militar asignado a la embajada de España en Washington.
“Pedimos la eliminación de la inmunidad diplomática para estos casos de abuso”, expresó Depaz a El Tiempo Latino.
En lo que va del año, 10 mujeres han sido recogidas y auxiliadas por CASA. Todas ellas eran domésticas que trabajaban para diplomáticos latinoamericanos. “El denominador común es el maltrato de los patrones, las amenazas con devolverlas a sus países y los engaños que se traducen en salarios que no se corresponden con lo acordado”, dijo Depaz quien, además, explicó que los casos se hacen públicos sólo con el consentimiento de las interesadas.
Por su parte, Huamaní relató que durante seis meses trabajó más de 60 horas semanales por $500 al mes, cuando el contrato estipulaba $1.500. La razón: que vivía en la casa, los gastos... “pero que en la calle debía decir que ganaba $1.500, aunque el señor me decía que no debía conversar con nadie y que si no estaba de acuerdo me mandaban de vuelta a Perú”.
“Cuando yo llegué aquí cambió el plan. Me cambiaron el sueldo y me gritaban y hasta ayer (lunes 26) no me dieron de cenar... tuve mucha paciencia y aguanté lo que tuve que aguantar... cuidaba dos bebés muy lindos y hermosos, pero el señor me veía inferior a él o yo no sé”, contó la trabajadora peruana delante de la casa en la que “nunca más quiero vivir”.
Huamaní tampoco tendrá que volver a relacionarse con ninguno de los inquilinos de ese hogar porque, a partir de ahora, la abogada de CASA se comunicará directamente con su antiguo patrón.
“No debemos soportar ni gritos, ni insultos, ni que nos quiten la comida... es una experiencia muy triste pero ahora estoy contenta y nerviosa y le doy gracias a CASA de Maryland porque gracias a ellos entendí que tengo derechos en este país y ahora tengo esperanza”, explicó.
Añadió que su sueño era “comprar una casita y trabajar, porque sé que mis hijos esperan por mí en Perú”.
Según voceros de CASA, ayer jueves 29, Huamaní debía comenzar a trabajar para otra familia.
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