ADIÓS. Sean Taylor saluda a los aficionados después de un partido entre los Redskins y Filadelfia Eagles.
Murió en el Memorial Hospital de Miami después de recibir dos tiros en su residencia de Palmetto Bay
Por Miguel Guilarte
El Tiempo Latino
El asesinato de Sean Taylor, jugador de los Washington Redskins, conmovió esta semana a la Liga Profesional de Fútbol Americano (NFL) y a la opinión pública nacional, y se convirtió en una nueva evidencia de cómo el hampa sigue cobrando víctimas inocentes en el país.
Taylor murió la madrugada del martes 27 en el Memorial Hospital de Miami a consecuencia de los disparos que recibió el lunes 26 en su residencia de Palmetto Bay, al sur del condado de Miami-Dade, donde se encontraba con su novia y su hija de un año, quienes no sufrieron heridas.
El defensor, de 24 años, recibió un balazo en la ingle que le seccionó una arteria y produjo una fuerte hemorragia de la que no pudo recuperarse.
El deportista fue trasladado en helicóptero al hospital Jackson, donde ingresó en estado crítico y falleció debido a la abundante cantidad de sangre que perdió.
Su muerte causó un profundo dolor entre los jugadores, directivos y aficionados de los Redskins, quienes llevaron flores y recuerdos al jardín del Redskins Park en Ashburn, Virginia.
“En lo personal puedo decir honestamente que Taylor sentía que Dios lo hizo para jugar al fútbol”, dijo Joe Gibbs, técnico de los Redskins. “Creo que desde que tuvo a su hija mostró una mayor madurez y siempre estaba feliz”, agregó Gibbs.
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