Opinion
El desborde de la violencia en la región Centroamérica
Por Dina Fernández
Los matones de Centroamérica ya son de ligas mayores. La región se ha convertido en una de las más violentas del mundo. El Salvador y Guatemala son el segundo y el tercer país con la mayor tasa de homicidios en América Latina, sólo superados por Colombia, afirma un estudio recién concluido del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, (IIDH).
En Guatemala, donde se concentra el número absoluto más alto de crímenes en el istmo, la cantidad de asesinatos anuales casi se ha duplicado en los últimos diez años: de 3.600 registrados en 1996 se pasó a 5.900 en 2006.
En El Salvador, Guatemala y Honduras, esta explosión de violencia ha desbordado la capacidad de los gobiernos, cercados por las pandillas y las redes regionales del crimen organizado, que manejan negocios como el contrabando y el tráfico de drogas y armas.
Según la Organización Panamericana de la Salud, OPS, un índice normal de criminalidad es el que cuenta entre 0 y 5 homicidios por cada 100 mil habitantes al año. Cuando el índice está entre 5 y 8, la situación es delicada, pero cuando supera los 8, el cuadro de criminalidad se torna “epidémico”. Esa escala le ha quedado chiquita a Centroamérica. En El Salvador, la tasa de homicidios alcanza los 51 por 100 mil habitantes y en Guatemala, la cifra es de 46.
Tanto la Fiscalía General de El Salvador como la de Guatemala han tenido que crear unidades especializadas para investigar los asesinatos, pero a pesar de ello los responsables se quejan de la sobrecarga de trabajo. Por ejemplo, para atender el área metropolitana de Guatemala hay 27 fiscales, pero entre todos deben asumir la investigación de siete nuevos homicidios cada día. “Los expedientes se multiplican tan rápido que no hay forma de dedicarle a cada uno el tiempo necesario”, dice la coordinadora del estudio del IID sobre los delitos contra la vida y el desempeño de la justicia en Guatemala, Claudia Agreda. “El problema es grave porque la información que puede recogerse en las primeras horas después de un crimen es la que permite esclarecerlo”.
Las deficiencias que se derivan de este estallido criminal hablan por sí solas. En Guatemala, la mitad de los expedientes de homicidios carece de fotos de la escena del crimen y un tercio de ellos tampoco cuenta con un informe forense, afirma la investigación del IIDH.
Las mafias internacionales han sabido aprovechar las debilidades de la justicia. Hace un mes en la capital guatemalteca un grupo de sicarios asesinó al colombiano José Yesid Nieto, conocido como “el zar de las esmeraldas” e investigado en su país por vínculos con el narcotráfico y los paramilitares.
Un año antes, Nieto sufrió un atentado en Colombia, del que logró escapar con vida milagrosamente. Sin embargo, la guerra de las esmeraldas lo alcanzó en Guatemala, donde las condiciones son ideales para la “tercerización” del crimen. “Aquí los asesinatos son baratos, certeros y sobre todo, no tienen ninguna consecuencia”, sentenció el director del Departamento de Instituciones Públicas del IIDH, Juan Navarrete.
Dina Fernández es columnista
de ‘El Periódico’ en Guatemala
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