Son parte de la historia de Washington (I)
Casi un siglo de negocios latinos
Casa Pena todavía conserva el mismo letrero.
Adelina López Pena, viuda del empresario Manuel Pena
-Por Alfonso Aguilar Para El Tiempo Latino
El histórico negocio, Casa Pena, se encuentra en el mismo lugar en el que lo estableció Don Manuel: en el 1636 de la calle 17 (por meros cambios de numeración, hoy 1633), al noroeste de Washington, y conserva, remodelado, su rótulo original: “Pena. Spanish Store”.
“Nosotros en parte lo compramos por su carácter histórico”, dicen sus actuales propietarios Roberto y Marlene Dennis, él de Panamá, ella de El Salvador.
“Da gusto ser dueños del primer negocio en la historia de la comunidad, además este es el único lugar latino en el que hace parada el Old Town Trolley para que los turistas recorran el mercado y sepan que los latinos tenemos mucha historia en Washington”, añaden.
¿Camino de los 100 años?
Por ahí vamos responden.
Los propietarios emprendieron una impecable remodelación, hasta donde lo permite el carácter histórico, y reunieron y pegaron muchos recortes y viejas fotos en una cartulina que ahora figura prominente a la entrada. No es ninguna obra de arte, reconocen, y por lo mismo tienen en mente destinar una sección del legendario lugar para darle vida a una galería que refleje su historia.
Años 30 y 40
En 1939 se estableció el que consideramos el segundo negocio latino sobreviviente en nuestra historia. Se trata de la Escuela Sanz, tan conocida hoy como su similar el Instituto Lado (1977), fundados respectivamente por Roberto Sanz y Roberto Lado. Es claro que la escuela pionera no fue concebida para ofrecer clases de inglés a los inmigrantes latinos, pues la mayoría de la comunidad pertenecía a misiones diplomáticas de la Unión Panamericana, que incluía “veintiún repúblicas americanas”, según la terminología de aquella época en que no existían conceptos como “latino” o “hispano”, ni siquiera el de “comunidad” ya que se prefería habla de “La Colonia Latino Americana” o “La Sociedad Hispanoamericana”.
Sanz se estableció para “preparar a los empleados del gobierno interesados en trabajar en el extranjero”, es decir, a quienes necesitaban aprender cualquier idioma distinto al inglés. Pero ya en los cincuenta es todo lo contrario: ahora le interesan los que no hablan inglés: los estudiantes extranjeros y con mayor interés la clase trabajadora latina recién establecida en torno a las sedes diplomáticas de la nueva OEA, a partir de 1948.
“En ese momento se da un rápido crecimiento de la comunidad porque los nuevos diplomáticos traen un personal numeroso, a diferencia de los embajadores ante la Casa Blanca, que usualmente tenían un chofer, un cocinero y algún ayudante”, recuerda la empresaria Adelina Callahan.
Cabe suponer que la Casa Pena y la Escuela Sanz no fueron los únicos dos negocios en los años 30 porque la primera publicación en español en el área, Spanish Home News, también fundada por Don Manuel en 1944, ya da cuenta de la existencia de varios de negocios latinos en esta década, algunos de los cuales habrían aparecido mucho antes, como asegura Callahan al recordar que ya existían los restaurantes El Madrilón (15 y New York Ave.) y El Toro (Connecticut Ave.).
En la histórica publicación se constata que en los 40 operaban en la capital restaurantes como Copacabana (1716 I St., al noroeste de la capital), propiedad de chilenos, que además era un centro de baile pues disponía de su propia orquesta, la del maestro Antonio Valencia; el Sudamericano, y que se autodescribía como “el rendezvous de los hispanoamericanos para olvidar la nostalgia de la Patria y del Hogar”. Además de el Río Grande, de un empresario mexicano llamado Narciso “Chicho” Díaz. Ambos locales estaban en la calle F, que era algo así como el “barrio latino” de su época.
Es muy probable que estos negocios pioneros adquirieran parte de sus productos en Eacho Fish Company, propiedad de Richard Eacho y José Palmer, con sede en el Mercado Municipal de Mariscos, o en La Casa Niosi, que era importadora de productos de Europa y Latinoamérica y operaba un local en lo que sigue siendo Union Station.
En un rubro muy distinto, también existía el Bureau Hispanoamericano de Encargos y Traducciones, otra de las iniciativas del visionario Don Manuel, y el Cinematógrafo Español e Iberoamericano, con funciones únicamente los sábados a las 8 de la noche. El cine estaba en el Pierce Hall de la calles 16 y Harvard, actualmente sede de All Souls Church.
“Ese era nuestro cine y punto de encuentro de los pocos latinos de entonces”, dice Doña Adelina López Pena, viuda de Don Manuel y quien, camino de los 100 años de edad, posiblemente sea la única sobreviviente de aquella naciente comunidad.
“Yo de niña ahí vi las películas de Cantinflas”, tercia la hija y dice que el cinito reunía a unas 30 ó 40 personas.
La Capilla Española (1419-V St.) era sin duda otro punto de encuentro de la pionera comunidad, según lo recuerda Doña Adelina López, feligrés de esa capillita que se anunciaba como la “Unica iglesia en Washington para los de habla española. Bajo la dirección del padre Dominico Efrén Villacorta, con Misa y Sermón los domingos a las 10:30”.
A juzgar por la publicidad del Consultorio Dental de Dimas Uruti (1603-16th St), “dentista del Cuerpo Diplomático y de la distinguida sociedad hispanoamericana y española de Washington”, había en el área un numeroso público (o pacientes, digamos entre dientes) de hispanoparlantes. No menos sufridos ni menos numerosos eran los clientes del Buffet del Abogado O. Pratt (927-15th St), que se identifica sin humildad alguna como un “ex empleado de Alta Categoría en el Bureau Nacional de Asuntos Interamericanos”.
Ante tan elegante sociedad de diplomáticos, profesionales y empresarios no podía faltar una buena tintorería de “Aplanchados impecables” gracias a las destrezas de su sastre, don Arturo Passmore, que hacía negocios en el 1733 de la calle F. Además de salones de belleza como Evelyn (1800 Connecticut Ave.), “experta en embellecimiento de la mujer”; Palace Beauty Salon de Marie Therese (2633 Connecticut) y el Establecimiento Walter (1641 17th St).
En asuntos de idioma había dos maestros, pero no de inglés, sino de nuestra lengua. El primero, de nombre Ramón Ramos, era el maestro oficial de la Casa Blanca y “de un gran número de señoras y señoritas de la más alta alcurnia estadounidense”, dice en un pie de foto Spanish Home News en la edición de noviembre de 1945. El segundo, no tan popular, se identificaba como el “Prof. Armando” y sus anuncios decían: “Español moderno y gramatical como lo hablan y escriben las personas educadas y progresistas de Hispanoamérica”. Aclaraba, además, que su español servía “para facilitar negocios con Hispanoamericanos”, lo cual quiere decir que desde entonces ya se sabía que los latinos tenían presencia en la vida comercial de la capital.
2200 Wilson Blvd., Suite 201, Arlington, VA 22201
Tel: 703.527.7860 FAX: 703.527.0369