RUINAS. Soldado estadounidense en Towahal, Irak, destruida el 22 de diciembre.
Hacia fin de año, 3.762 soldados ya habían muerto en Irak. Y la economía sentía las consecuencias de la contienda
Por Paula Andaló
El Tiempo Latino
Desde que comenzó la invasión a Irak el 20 de marzo de 2003 hasta el 10 de septiembre de 2007, 3.762 soldados estadounidenses habían muerto en Irak. A pesar de los debates en el Congreso, de las marchas antibélicas y de la falta de respaldo de la comunidad internacional, una historia que tendría que haber desaparecido del anuario 2007, sigue siendo su principal titular.
Es que los analistas no dudan: el impacto de la contienda más allá de sus falaces razones ya se siente en la economía diaria, en un país que está volviendo a utilizar la palabra recesión.
En esta guerra se están gastando, oficialmente, $11 millones por hora. Pero, según reveló The Washington Post a principios de noviembre, un informe redactado por demócratas de la Comisión Económica Conjunta del Congreso demostraba que el monto en “gastos ocultos” gasolina, atención a heridos, intereses generados por préstamos para la guerra duplicaba los $804 mil millones anunciados por George W. Bush para el gasto en las guerras de Irak y Afganistán este año.
En números coloquiales, las guerras le han costado a cada familia que vive en el país unos $20 mil. Todavía hay 168 mil efectivos en Irak y la famosa retirada sigue debatiéndose.
En junio de este año, Camilo Mejía el hispano de origen nicaragüense que en 2004 se convirtió en el primer desertor de la guerra en Irak presentó su libro “La ruta desde Ar Ramadi”. “Estados Unidos vive engañado por el sistema. La gente no sabe lo que se hace en su nombre y con su dinero alrededor del mundo.”, denuncia en sus párrafos.
Y mientras las políticas se deciden, los que pagan las consecuencias de vanidades y megalomanías siguen siendo los ciudadanos comunes. Los que salen a las 8 de la mañana a trabajar, los que sueñan con un futuro mejor para sus niños, los que pagan puntualmente sus impuestos ciudadanos o no porque así es como saben vivir.
Esta ética diaria de millones de personas es bastardeada por las manchas de sangre. Y hasta por huellas de torturas cometidas por “la primera democracia del mundo”. Realidades que nada tienen que ver con el destino justo, pacífico y humano que merece la gente.
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